Mostrando entradas con la etiqueta ANALISIS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANALISIS. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de noviembre de 2018

RAFAEL SANTOS BORRÉ: SU CORAZÓN ES UNA MÁQUINA


Por: Agustín Garizábalo Almarales




Veo una foto de River Plate en los actos protocolarios del partido de Copa Libertadores ante el Boca Juniors y a Santos Borré levitando por encima de la cabeza de un niño que está adelante; en realidad continúa con los ejercicios de calentamiento. Al día siguiente le escribo al wasap: “Rafa, ¿saliste muy ansioso, cierto? Cuando en los himnos alguien sigue calentando es ansiedad jajaja” Me responde: “jajajaja No máquina, siempre lo hago”. Así es Borré, incesante como el mar de leva: entra, sale, hace diagonales, aturde y cansa a los defensas y casi siempre se encuentra perfilado para recibir. No está, pero de repente aparece, sorpresivo, con la certeza y voracidad de un escualo. Su mayor cualidad es que no teme equivocarse: Si hace un gol o si lo bota, igual vuelve a intentarlo segundos después como si nada, una y otra vez.

Durante el mundial juvenil de Nueva Zelanda invitamos a la familia de Borré para que viéramos juntos su debut ante Qatar, casi en la madrugada. Llegó toda una delegación: padres, hermanas, yernos, cuñados, vecinos. Y se trajeron a Mateo, el hermanito de 8 años, que es la suma de un volcán en erupción y un tsunami. De entrada viene y cuenta que quiere mucho a Rafa pero que necesita con urgencia encontrarse con él para reclamarle porque todavía le debe mil pesos. Luego se subió a una escalera, espantó a un gato, rompió una botella, tumbó una bolsa de pan, vomitó… Cuando quise quejarme de que, por favor, aguantaran a este chico que nunca se quedaba quieto, el papá, Ismael, con una frescura de bacán de barrio, dijo “Rafa era peor, imagínese, profe”.

Este es Borré: Indetenible. Y ahora en River con el aditivo de una alegría permanente, porque la confianza del muñeco Gallardo, la impronta histórica de los millonarios y el conocimiento de sus compañeros de banda: Ponzio, Enzo Pérez, Zuculini, Nacho Fernández, Pity Martínez, Ezequiel Palacios o el exquisito Juanfer Quintero, potencian lo que todos sabíamos, que lo de Santos Borré era cuestión de tiempo, de adaptabilidad, de afinamiento. En aquellas primeras semanas en River, cuando todo era duda, cuando el mínimo fallo era homologado con una catedral, cuando se llegó a decir que River se había equivocado con traer a Santos Borré de vuelta, sus ensayos y errores, sólo eran el transito natural para adquirir ese aprendizaje. Ahora es el primer delantero convocado en el tablero para cada partido, lástima que la mala suerte jugó en su contra y no estará en la finalísima del próximo sábado. Y en cierta forma una irresponsabilidad del árbitro chileno Roberto Tobar: "La falta que él hace es una falta imprudente que no ameritaba una tarjeta amarilla, pero las reiteradas faltas que hizo durante todo el encuentro si ameritaban que lo amonestara", dijo Tobar. Preciso faltando pocos minutos.

En buena hora Rafael Santos Borré dio ese paso atrás al nuevo continente del fútbol, acción que los desesperados consideran siempre un fracaso. Pero en realidad, esa decisión ha sido para tomar un impulso, potenciarse y aparecer de nuevo en ámbitos más competitivos. El entorno y el protagonismo que un club como River genera ponen a este promisorio jugador a nadar en sus aguas. Tres goles de suma importancia para llegar a la primera histórica gran final de un River-Boca en Libertadores.

Le ha faltado sólo coronarse campeón con otro gol suyo, pero ya le tocará padecer, ahora sí, esa ansiedad desde el palco del club, avivando a sus compañeros o abrazando a cualquiera que esté a su lado. No es nuevo esto en Santos Borré: con el Deportivo Cali también le tocó celebrar su título en la distancia, porque cuando Cali-Medellín (1-1), él se encontraba en Nueva Zelanda (me lo imagino muerto de frío, con gorro y con guantes). El día anterior, justo había anotado el gol del descuento ante Portugal.



sábado, 6 de junio de 2015

MENOS PODRÍA SER MÁS…



Por: Agustín Garizábalo Almarales  

Si bien Deportivo Cali se alzó con la victoria el pasado miércoles fueron muchas las caras de preocupación entre sus hinchas. Aspiraban a que, con todo lo mostrado en el terreno, el equipo se fuera con una ventaja apreciable a la ciudad de Medellín. Creo, en cambio, que 1-0 es el marcador ideal para que Cali se traiga el título el próximo domingo.


Lo expresado aquí no deja de ser una simple especulación, escrita, en parte, con el conocimiento por los años que he estado en el fútbol, y, especialmente, por el deseo sincero de ver coronando a un grupo de muchachos que ha mostrado humildad, entrega, sentido de pertenencia, personalidad y condiciones técnicas. El país del fútbol seguramente está más a favor del verde por toda la simpatía que despierta, que del rojo, quizás el equipo más regular en el último año; de hecho, viene de disputar una final.


Uno a cero es el marcador preciso: Obliga a mantener las alarmas prendidas, se sabe que no se ha ganado nada, se sabe que hay que quemar los barcos una vez saltes al Atanasio Girardot.  Lo que más distingue a los jóvenes es precisamente la ansiedad, pero también un exceso de confianza cuando se saben con ventaja. En esas mentes juveniles menos podría ser más. Diferencia de dos goles, hubiese puesto a dormir más tranquila a la hinchada, pero no quiero imaginar esa sensación de relajamiento del grupo. Ahora, en cambio, les toca ir a pelear. Se puede ser optimista, además, porque el Deportivo Cali es un gran visitante, quizás el mejor, porque no es de ir a defenderse y tiene claro el potencial de sus contraataques. Situación ideal para el equipo del Pecoso. Prueba clara: el partido contra Nacional en Medellín.


A este deportivo Cali lo complicas sólo si te cierras a defenderte a ultranza, como lo hicieran, en su momento, Tuluá, Patriotas, Alianza Petrolera, Huila, Envigado, equipos considerados “Chicos”. A los encopetados como Nacional, Junior, Millonarios y Medellín les salió cara su visita al Palmaseca.


El miércoles  cuando el partido estaba abierto, Cali, en los primeros 20 minutos,  hizo un gol y creó claras oportunidad que presagiaban una goleada. El partido cambia cuando sale Caicedo, delantero, y entra Hernán Pertuz a construir una defensa de 5 y un bloque con intenciones de contraataque. Sin espacios es bien complicado para el verde y en Medellín los tendrá, tal es la necesidad del rojo de voltear el marcador. Además, ellos, como locales, podrían estar pensando que va a ser fácil alcanzar ese cometido. ¡Cuidado! Se van a encontrar con Hernández, Mera y Andrés Pérez (el mejor en los cinco partidos finales) y no se pueden descuidar de los arranques de Roa, Candelo, Preciado, Murillo y Casierra.  


Anhelo de corazón que este breve comentario mantenga vigencia el domingo después del pitazo final. 

Muchas gracias.


agarizabalo@hotmail.com


jueves, 14 de julio de 2011

ENTRENADOR DE GOL

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Se volvió un lugar común que los equipos y selecciones de fútbol de Colombia se quejen por la frecuente falta de gol en las competencias. Que juegan bien, que hacen un excelente trabajo táctico-defensivo, que se crean las suficientes jugadas ofensivas, pero siempre lo mismo: ¿Quién la mete?

Si todos los cuerpos técnicos del país gozan del apoyo de un entrenador de arqueros, por qué no institucionalizar, también, no diría yo un entrenador de delanteros, sino un ENTRENADOR DE GOL.

Es que el Gol tiene sus misterios y no es suficiente con dedicar a alguien con un pasado de goleador para que ponga a repetir y repetir remates y gestos técnicos a los muchachos. Se requiere de pedagogos con sensibilidades y sutilezas especiales, porque, en últimas, es un acto de convencimiento, un acto de seducción.

Sería importante que estos entrenadores pasen primero por una capacitación donde asimilen cómo se realiza una reprogramación neurolinguística, cómo se comunica un saber, cómo se fabrica una experiencia significativa en la mente de los jóvenes. A los entrenadores corrientes y a los exjugadores profesionales nos cuesta, porque estos conceptos nos superan y rebasan. Por eso se hace necesario aquel apoyo científico.

En definitiva se trata de transmitir sensaciones, de crear una imagen nítida de gol, pero cargada de afectividad y emoción hacia esa rutina. Es necesario que el chico adquiera un estado de percepción sutil, que aprenda a qué sabe, a qué huele, a qué suena ese lance maravilloso. En una frase, que convierta en impresiones sublimes ese acto supremo, lo que motivará su permanente búsqueda.

Si esa es la falencia más grave en nuestro fútbol, tendría que ser, no sólo una sugerencia de la Federación, sino una exigencia a todos los clubes y ligas del país, que establezcan el cargo de Entrenador de Gol.

Con el apoyo, por supuesto, del Director Técnico y de Desarrollo del fútbol en Colombia, encarnado en Francisco Maturana, quién delinearía pautas y conceptos, quien organizaría las capacitaciones pertinentes, quien conformaría y orientaría un equipo de trabajo con estos fundamentadores, para así alcanzar, de una vez por todas, ese alto nivel competitivo tan ansiado que nos ponga en la élite del fútbol mundial.

agarizabalo@yahoo.com


PERFIL INTERNACIONAL




Por: Agustín Garizábalo Almarales

Algunos jugadores que sobresalen en el medio local (el goleador del torneo, un volante diez o un lateral incisivo) luego tienen serias dificultades para adaptarse en el fútbol del exterior. No deja de ser una calamidad, porque terminan relegados al banco, quejándose por la falta de oportunidades, o, en el peor de los casos, regresando con el rabo entre las piernas.

Creo que en Colombia ya estamos fabricando un buen producto, pero todavía no es óptimo. Nuestros muchachos se están yendo a esa aventura en pleno proceso de formación, con todos los riesgos que eso implica. El fútbol internacional posee, en tanto, otro tipo de exigencias y expectativas, valores que jugadores del patio no asimilan aún. Jóvenes que siempre estuvieron rodeados de sus familiares, que casi nunca salieron del país, de repente se ven avocados a una experiencia babélica, confusa, traumática en ocasiones.

Necesitamos, entonces, optimizar ese producto con otro tipo de formación, deliberadamente más universal, donde nuestro jugador se nutra de conceptos y acervos culturales: Costumbres, idioma, música, comida, transporte, etc., que le proporcionen la seguridad y desenvoltura que necesita para sobrevivir en ese otro mundo.

O, por lo menos, ya que los clubes y empresarios obtienen excelentes dividendos de esas transacciones, contraten a un tutor, para que, durante los primeros meses, acompañe puntualmente al pupilo, indicándole y orientándole sobre la convivencia en ese nuevo país. Qué restaurantes visitar, qué tipo de comida debe pedir, qué vino combinaría con ese platillo, cuál es el vestido apropiado; además, la relación con la prensa y el público, el manejo de situaciones que se le pueden presentar en ese nuevo entorno competitivo y una serie de pequeños detalles que podrían parecer insignificantes, pero que son, en definitiva, los que garantizan una adaptación exitosa.

Suponemos que en el país habrá gente capacitada para ese tipo de instrucción. Pero si de repente no podemos hacerlo nosotros mismos, al menos contratemos una asesoría cosmopolita, expertos pulidores que afinen a estos futbolistas como si fueran reinas de belleza.

Porque es muy triste ver partir a estos muchachos, con tanto ruido e ilusiones a conquistar un mundo, y, al cabo de algunos meses o semanas, encontrarlos confundidos, sin saber qué hacer y más frustrados que un Emo con el pelo crespo.


agarizabalo@yahoo.com


DEMOSTRAR SUPREMACÍA


Por: Agustín Garizábalo Almarales


Que el fútbol se juega por placer o diversión, por dinero o salud, por fama o reconocimiento, es una verdad tan natural que usted le puede preguntar a cualquier futbolista o entrenador y no dudarán en decirlo. Pero también se juega, y de manera esencial, para demostrar supremacía. Se juega para GANAR.

Ganar, entonces, se convierte en un símbolo de poder, en la prueba contundente de que perteneces a un grupo humano culturalmente superior. En últimas, los deportes son una metáfora de la guerra y los atletas sustituyen a los feroces guerreros de épocas primitivas. De ahí que les brindemos tantas pleitesías y atenciones y los colmemos de querencias: Nos representan en esa confrontación instintiva de todos los tiempos, porque el hombre trae codificado ese afán de equipararse con los demás como ritual de conquista sexual, meta final de los vencedores.

El fútbol comenzó siendo una encarnizada lucha entre dos pueblos vecinos y su gracia consistía en llevar hasta la plaza central del pueblo contrario una vejiga de cerdo rellena de trapos y aserrín. En esa batalla campal podía participar el que quisiera, y aquél fragor dejaba un reguero de brazos y piernas en el camino y sobre los techos de las casas, y no serían pocas las veces en las que la pelota en disputa terminara siendo la cabeza de algún desafortunado contendiente. Salvajismo puro.

Después, por fortuna, se crearon las reglas, humanizando la competencia. Se ha llegado a tales niveles de sofisticación que los deportistas están ahora más sintonizado con la farándula mediática que con la brega castrense. No obstante, el gran público sigue sintiéndose representado, con altas dosis de regionalismo, en esas confrontaciones deportivas, asumiendo los triunfos de los atletas como propios y convirtiendo sus derrotas en tragedias, en ocasiones con visos de duelo nacional.

El futbolista, entonces, no debe perder de vista que en cada partido, ya sea en el Bernabeu, en la cancha del barrio o en la playa, no se juega para la novia, para quebrarles los ojos a los críticos o para cobrar una apuesta. Se juega por esa necesidad primaria de “agredir” al rival con goles, reduciéndolo, dominándolo, sometiéndolo, como en la más feroz de las batallas.

agarizabalo@yahoo.com

viernes, 19 de junio de 2009

LA ANTINORMA



Por: Agustín Garizábalo Almarales

Una tácita antinorma se han ideado los directores técnicos del fútbol profesional colombiano para contrarrestar la contrariedad de tener que obedecer la pauta impuesta por la Dimayor de alinear a un adolescente, y consiste en poner a calentar, una vez se inicia el partido, al elegido sustituto.

Lo que pudo haber sido, en su momento, una regla provisional se ha convertido en fuente de gran controversia, y, según se ve, amenaza con quedar definitivamente instaurada. La polémica gira esencialmente, sobre si es conveniente o no mantenerla. Algunos han propuesto fórmulas ingeniosas, como aquella de no sólo alinear a los 91, si no también, a los 89 y a los 90, cosa de no perder la continuidad del proceso de los anteriores normativos, pero cumpliendo un tope de minutos jugados, es decir, los 91, por ejemplo, durante el torneo que jueguen 200 minutos, los 89, 300 y los 90, 200 minutos, hasta sumar, 700 o 500 minutos según se apruebe, pero sin exagerar la alineación de 3 menores por partidos. Imaginamos a los entrenadores, cada semana usando la calculadora y rascándose la cabeza. (En este caso, por su condición de matemático, llevaría la ventaja nuestro amigo Néstor Otero).

Algunos ya dejaron los argumentos retóricos y pasaron a los hechos con alineaciones simbólicas y, en clara pose de rebeldía, mandan a chicos, incluso, mucho menores que los reglamentados, sólo para que cumplan la ilusión de sentarse a comer y salir suspirando a la cancha acompañado de sus ídolos.

Mi opinión es que se le ha dado demasiada trascendencia a esta discusión. El fútbol, como toda batalla, no debería tener condicionamientos externos. Que vayan a la cancha los que cumplan con la norma de saber jugar bien al fútbol y los que tengan la suficiente experiencia para no dejarse amedrentar por las veleidades de esa competencia que linda a veces con lo brutal. Alinear a un chico por obligación supone también el riesgo de situar en contienda a un mastodonte contra un lince. ¿Por qué ese afán ahora de poner a saltar matojos a los muchachos, sí, en su momento, sin esos pretendidos artificios, la selección juvenil de Luís Alfonso Marroquín fue catalogada como la mejor de América y las de Fignon Castaño y Basílico González fueron campeonas en el eje cafetero?

La pregunta sería: ¿Sí se está cumpliendo con el cometido de agrupar a los jugadores más representativos para la competencia internacional? De modo que se les pide a los clubes que organicen sus divisiones menores, pero, cuando escogen las selecciones Colombia sub20 y sub17 ¿Qué sucede?... El deportivo Cali, por ejemplo, con un reconocido trabajo en esas divisiones, termina sin ningún jugador en la juvenil y apenas tiene uno en la prejuvenil, mientras tanto sigue siendo uno de los equipo que más pone a debutar a los muchachos en el fútbol profesional.

Habría que comenzar por devolverle el protagonismo a la Difútbol (Que sus campeonatos vuelvan a ser competitivos y de calidad) o crear, en su relevo, a la DIMENOR, para que, de una vez por todas, organice otro tipo de competencias más actualizadas con las exigencias actuales. ¿Cómo justificar, por ejemplo, la realización del torneo nacional juvenil de este año (para jugadores nacidos en el año 91), cuando los muchachos más adelantados de esas edades están "regados” en la A y la B del fútbol profesional?

Esta norma también ha servido para crear la generación del Limbo: ¿Cuántos muchachos se pierden y se frustran después de haber probado el dulce de la primera división? Es cierto que algunos pocos se han consolidado, pero ¿Cuántos abortaron sus procesos porque casi no jugaron arriba o porque llegaron antes del momento indicado?

Soy un convencido de que el buen jugador se hace notar, tarde o temprano. El tema de los menores, entre tanto, debe ser una política institucional de los clubes que le quieran apostar a eso. A los que no les guste, pues, que no les llamen jugadores a esas selecciones y listo. Ellos verán. Que cada quién se defienda como pueda y presente sus carta.

Pero no comparto la idea de acelerar los procesos, porque, en algún momento, los muchachos terminan por manifestar los vacíos en su formación deportiva, y seguramente con un costo mayor y de manera inoportuna.

agarizabalo@hotmail.com


martes, 26 de agosto de 2008

EL LLAMADO DE LA SELVA

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”
- Gandhi


La frase fue dicha desde la candidez de un niño de 3 años, pero con la contundencia de un filósofo consumado. Daniel Vega, era un bebecito, hace algunos años, cuando pudo presenciar, en el estadio Metropolitano de Barranquilla, cómo un equipo de niños de la Escuela Barranquillera era eliminado por la vía de los penaltis por el Expreso Rojo de Cartagena. Como se ha vuelto costumbre, cuando el último pateador envió la pelota a las nubes, los otros niños, copiando a los adultos, se tiraron al piso a llorar. Daniel, con tranquilidad, agarró la mano de su padre Otoniel y le dijo: “Por qué lloran si estaban jugando”. No supe si fue una afirmación o una pregunta. Pero ahí estaba sintetizada toda la escena. Y, además, quedó resonando en mi cabeza como el inicio de un cuestionamiento que he venido haciéndome desde entonces: ¿No será que le estamos dando demasiada importancia al fútbol? ¿Por qué hemos llevado una simple actividad lúdica a los extremos de considerarla como de vida o muerte?

Recientemente el profesor Javier Castell, en un conversatorio sobre fútbol aficionado donde se hablaba sobre las razones por las que fracasaban los futbolistas en Barranquilla, anotó lo siguiente: “Me inquieta que se esté sobrevalorando ese sueño de ser futbolista ¿Por qué cuando un muchacho que juega bien al fútbol no alcanza el nivel profesional se habla del gran fracaso de su vida? ¿Es que nunca analizaron otras opciones?”

Y lo puede ver uno a diario: Pareciera que no hubiese nada más importante que triunfar en ese deporte. Bueno, pero ¿Y es que ya nadie quiere tener un hijo médico o abogado? Esa actitud extrema necesariamente termina desbordando las pasiones. Y por eso se volvió moda sacar al gorila a pasear cada vez que se juega un partido de cualquier categoría y en cualquier cancha. Todo el mundo anda furioso: los jugadores, los padres, los fanáticos, los técnicos, los empresarios, los periodistas, hasta los jueces. Ya casi nadie disfruta del juego; hasta los que ganan terminan con más rabia que gozo. Se percibe una agresividad y una violencia palpitantes. Se sospecha de cada decisión técnica o arbitral, alguien siempre está al filo de la humillación o la deshonra. El recurso final es tomar las vías de hecho, atender el llamado de la selva, saltar a la arena con el cuchillo entre los dientes como si estuviera en juego la supervivencia de la especie.

A propósito de esta preocupación, no hace mucho tiempo se presentó un incidente vergonzoso en el torneo ASEFAL, realizado en Barranquilla, donde estuvieron involucrados varios integrantes del equipo prejuvenil del Deportivo Cali. Agredieron a un árbitro hasta dejarlo inconsciente. Se les fueron las luces, perdieron los estribos. Como institución debemos una disculpa pública, que seguramente se presentará una vez concluya la investigación cabal que se está llevando a cabo. Por lo pronto, muy apenado por este suceso, quiero compartir esta nota que me apresuré a enviarles a los jugadores dos días después de lo ocurrido. A pesar de que se refiere a un hecho específico, creo que contiene algunos elementos universales que podrían aplicarse a cualquier institución o persona que se vea envuelta en circunstancias similares:

Jóvenes Deportivo Cali, Categoría Sub-15:

“Ahora que han pasado algunos días, me refiero a lo acontecido el sábado en el estadio Romelio Martínez de Barranquilla. Creo que es la oportunidad para reflexionar con cabeza fría: ¿Qué nos pasó muchachos?

Ustedes saben que estamos ante un hecho grave, que esa no puede ser la intención, ni la finalidad en un proceso formativo como el que se intenta desarrollar en las divisiones menores del Deportivo Cali.

En primer lugar nunca hay que olvidar que el monstruo siempre está al acecho. Por más que uno se eduque y se prepare ahí estará ese animal semidormido, presto a saltar ante cualquier amenaza. Por eso, nuestra primera lucha es contra nuestros propios instintos y furias. Domar esa fiera interior.

Tenemos que entender, de una vez por todas, que no es posible cambiar la historia de ningún partido de fútbol, por mucho que le reclamemos a un árbitro. El resultado final no tiene marcha atrás y digas lo que digas o hagas lo que hagas, será una gestión inútil y estúpida; quizás lo único que puedas conseguir es que las cosas empeoren.

Yo que estoy de este lado, muchachos, puedo contarles sobre la admiración y el respeto que generan en la imaginación de los chicos que sueñan con ser como ustedes; y soy testigo del cuidado y la devoción que los padres adoptivos ponen cuando tienen que atenderlos. Mejor dicho: por acá se pelean para adoptarlos; por supuesto, porque saben que representan a una gran institución deportiva, la más organizada del país, y se presume que ustedes, jóvenes, son deportistas bien educados, bien formados y que deberían estar por encima de la circunstancia de un resultado, lo que significaría un ejemplo, y ellos quieren que sus hijos aprendan de ese modelo. De eso trata. Por eso es que les dan tanto cariño cuando los atienden. Por eso tanta amabilidad. Por eso después, la gente, sorprendida, no podía creer lo que había pasado. Pero, y ahora, ¿cómo quedamos?

Desde luego que no será suficiente con poner cara de vergüenza o castigarse con sentimientos de culpa. La cuestión es: ¿Qué vamos a hacer a partir de esta experiencia? ¿Qué ha cambiado en nuestro interior? ¿Qué significado tendrá en nuestra manera de actuar? Si esto va a servir para ser más tolerantes con los demás, más comprensivos, más respetuosos, más humanos, pues, que así sea. Pero esta es una realidad que no puede pasar desapercibida en esta etapa tan importante de sus vidas.

Sabemos que son muchachos en crecimiento y que les faltan muchas cosas por aprender. Entendemos que la calentura del juego y las circunstancias a veces atentan contra una actitud inteligente. Comprendemos que la dura competencia incita en ocasiones a reacciones primarias. Pero, ¿No será que pusimos en evidencia algunas fallas en la formación de nuestro carácter?

Es cierto que este lamentable incidente es un hecho ya cumplido y no puede borrarse, pero, por supuesto que tiene que operarse un cambio en la manera de asumir el fútbol. No podemos seguir asistiendo a los torneos como si fueran confrontaciones de vida o muerte. A la larga la competencia deportiva apenas es una metáfora de lo que es la vida: nadie sabe lo que puede pasar.

Así que, las máximas guías que tenemos para seguir el rumbo de manera inteligente, son nuestros principios institucionales, lo que significa el Deportivo Cali para nosotros mismos y para el resto del país. Es lo que nos hace diferentes a los demás: lo que nosotros representamos. Estamos hablando de tantos años de historia y de todos esos seres humanos que algún día vistieron con orgullo esa camiseta. Y de toda esa gente con clase que algún día decidió exhibir un estilo de vida diferente y una manera de vivir digna y honorable. Con cierta dosis de aristocracia, si se quiere.

Esto es lo único que tenemos que defender a capa y espada. Lo único que no podemos perder: nuestra manera de proceder con calidad y distinción. Nuestra más cara herencia. La cual está reservada sólo para aquellos hombres tenaces, honestos y capaces de superar sus equívocos.”


Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com

Publicado en El Heraldo Deportivo el 12 e Agosto de 2008.

viernes, 30 de mayo de 2008

EL FÚTBOL DESDE ADENTRO

Por: Agustín Garizábalo Almarales


“Estadísticamente son más los que
Renuncian que los que fracasan”
- Henry Ford

Me escribe un lector en tono de reclamo diciendo que a veces soy muy duro en mis artículos, especialmente cuando hablo de los entrenadores de fútbol aficionado. Dice que me resulta muy fácil criticar tras bambalinas, que tal vez he asumido la posición de sumo sacerdote y se pregunta si no habré tenido yo todos esos defectos que comento de mis colegas.

¡Por supuesto que sí!... Precisamente la materia prima de mis escritos son mis vivencias. Si mis reflexiones tienen algún mérito es que son fraguadas desde adentro, desde el fútbol mismo. No he tenido necesidad de inventar nada, sólo consignar lo que veo a diario, lo que he experimentado, lo que he sentido, lo que me dicen algunos amigos cercanos. Y me gusta ponerme en los zapatos de los otros actores del fútbol: Qué piensan los padres, los entrenadores, los directivos, los jugadores, los fanáticos.

En tantos años dedicados al fútbol, he tenido la oportunidad de desempeñarme en diferentes roles, desde asistente de campo, director técnico, coordinador general, delegado, asesor, consultor, expositor, integrante de comisiones técnicas, actualmente cazatalentos (veedor) y, en ocasiones, hasta periodista deportivo. Así que, el valor agregado es que he estado metido allí, mis experiencias son, por tanto, de primera mano.

Y cuando voy a escribir sobre los entrenadores al primero que miro es a mí mismo, mi propio desempeño, remitiéndome a épocas pasadas, no muy lejanas. ¿Qué hice durante todos esos años? ¿En qué me equivoqué? ¿Cuántos errores fueron aleccionadores?... El sentido común indica que los ganadores tienen muy poco que contar. Somos los que hemos fracasado muchas veces los que podemos contar la historia gruesa.

Esos ensayos fallidos, esos “Si yo hubiese hecho esto o lo otro”, ese quedarse en vela hasta el canto de los gallos, impávido, pensando: “Cómo no me di cuenta, qué estúpido”. Cuántas veces no atropellé con palabras, sutiles o evidentes, a un alumno o a un padre de familia, cuántas veces me dejé tentar por la soberbia de decir “Yo soy el que manda aquí”, cuántas veces no cree falsas expectativas, cuántos errores cometí creyendo que actuaba con buena intención. Cuántos partidos perdí por mi terquedad, por no ver más allá de la situación inmediata, cuántas veces me acomodé para quedar bien con otros aunque no estuviera convencido de que hacía lo correcto.

Como decía Borges: “El perdedor posee una dignidad que los ganadores no son capaces de comprender”. Es esa sensación tan común, pero pocas veces reconocida, de saberse inútil y miserable cuando todo se cae y la gente a tu alrededor te mira como a un estúpido; o ese pánico que te atenaza cuando termina el primer tiempo de un partido y vas perdiendo por goleada y no tienes ni idea de lo que vas a decir o lo que vas a hacer cuando entres al camerino; ese vacío irremediable en el estómago, ese trágame tierra, pero también ese acto sublime y respetable de sacudirse y seguir para adelante, sacando fuerzas de flaquezas como si nada, y con una seriedad y tranquilidad rayanas al descaro. Bien he podido comprobar que una de las fuentes de la sabiduría es asumir con inteligencia los desaciertos. Pero, bueno, adquirir consciencia de esa fragilidad emocional es lo que nos hace más humanos. En palabras de Wiston Churchil, “El éxito no tiene que ver con ganar todas las veces, sino con mantener el entusiasmo, pase lo que pase”.

Otro lector me dice que yo caigo en el mismo error que muchos: echarle la culpa a los jugadores cuando las cosas salen mal. Indudablemente todos los que estamos metidos en esta actividad tenemos una cuota de responsabilidad, mayor o menor, pero no se puede caer en el extremismo de exonerar por ello a los jugadores del compromiso que tendrían que asumir. Siendo el ente más importante del fútbol, les corresponde hacer un cambio de concepción esencial si no quieren correr el riesgo de caer en las fragilidades propias de esta profesión.

Y no trato, de ningún modo, de buscar culpables, sino, más bien, de describir la realidad actual y presentar posibles soluciones, o por lo menos despertar algunas inquietudes entre los lectores, que se estimulen a investigar, controvertir, buscar nuevos conceptos. Nos quejamos con frecuencia de que nos falta capacitación, de que no tenemos un espacio para expresarnos, de que el fútbol aficionado no tiene dolientes; pero aquí nos han permitido, y se lo agradecemos al director del periódico y a los editores de la revista, una página semanal para hablar de ese “otro” fútbol, ese que “casi no vende”, como se dice en ciertos círculos, ese hermano menor mongólico que a veces hay que sacar a pasear.

Alguien me escribe diciendo que yo que voy a decir, si tengo parte de culpa en la problemática actual del fútbol de la costa, porque me “llevo” a los jóvenes talentosos de la región. Pero resulta que ese es mi trabajo: buscar a excelentes jugadores para un club profesional del Valle del Cauca que ha creído en los nuestros. Pienso que la Costa Caribe produce suficientes buenos jugadores para que los clubes costeños se armen con elementos propios de la región y siempre alcanzará para nutrir, no sólo al club para el cual trabajo, sino al resto de equipos rentados del país; eso, indudablemente, mejoraría la calidad de vida de nuestros jóvenes y sus familias.

Para el caso específico del Deportivo Cali, quizás nuestros jugadores han sobresalido, no tanto porque yo me haya llevado a los mejores, como con frecuencia se dice o se piensa, sino porque, habiendo recomendado buenos muchachos y buenos deportistas, allá les han invertido en trabajo, alimentación, formación óseo-muscular, competencia de nivel, etc. y eso termina mejorándolos necesariamente, adquiriendo ese plus que justifica el proceso.

Lo que queda en limpio es que soy un convencido de las capacidades de nuestros jugadores y apuesto por ellos, desmintiendo aquello de que el talento por acá escasea, o que el costeño es desordenado. Hay que buscarlos, eso sí, y hay que encontrarlos, también. Pero de que los hay, los hay. Yo creo que en nuestro medio siempre habrá jugadores tan buenos o quizás mejores que aquellos que se han ido para otras ciudades, pero hay que hacerles la inversión que corresponde y habría que quitarle ese halo de misterio y de magia al asunto: los que yo me he llevado, por ejemplo, no son de otro mundo, han alcanzado cierto nivel de figuración porque los han trabajado de manera diferente.

Por último, quiero agradecerles a todos esos lectores que se han tomado el trabajo de enviarme un comentario, una crítica o una sugerencia. Hasta el siempre inconforme “Callejero”, amparado en su ácido anonimato, nos ha hecho reflexionar con sus apuntes y son bien recibidos. Quiero resaltar, además, el apoyo invaluable de amigos como Leonel Otero, Helmuth Wenin, Gustavo Quintero, Edinson Barceló, Darío Pacheco y el profesor Luna, entre otros, quienes siempre me abordan para sugerirme temas para mis columnas. Y el magnífico aporte en la corrección y revisión de mis textos del acucioso José Villarreal Gravini, sin el cual esta labor habría resultado muchísimo más dispendiosa.

Me he permitido esta licencia de escribir con el corazón en la mano, porque sentía la obligación de hacer catarsis. Aquí no se trata de tener la razón, o de dar cátedra. Menos de ganar la partida. Acepto que escribo a partir de mis errores y dudas, pero soy consciente de la necesidad de construir un banco de reflexiones acerca de nuestro fútbol aficionado, tejido y forjado desde adentro, desde el mismo centro de la pelota y del alma de los humanos que van tras ella.

Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com

Publicado en el Heraldo Deportivo - Mayo 27 de 2008.

PEQUEÑOS DETALLES QUE MARCAN DIFERENCIA

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Cuando se mira desprevenidamente un partido de fútbol no se tienen en cuenta algunos factores que pueden ser decisivos en la consecución o no de un resultado y sin embargo, quizás por desconocimiento o porque se piense que hay elementos más importantes dentro del juego, como los movimientos tácticos, la capacidad física de los jugadores o la actitud de los mismos al encarar la competencia, no puede uno explicarse por qué un equipo dominador en todos los terrenos falle en la puntada final, en la ejecución de un centro o en alguna jugada que se dice, era más fácil “meterla que botarla”.

Queremos detenernos esta vez en esos detalles que hay que observar en su oportuno momento para sustentar las razones de por qué aquél equipo no ganó un partido y no le echemos simplemente la culpa al árbitro o a la mala suerte. Son pequeños detalles que marcan diferencia y tienen que ver con uno de los aspectos más descuidados en el fútbol de formación: la correcta ejecución de los gestos técnicos y el momento exacto en que deben ejecutarse. Porque, se piensa, muchas veces, y de manera errónea, que la inteligencia técnica siempre es innata en el jugador y entonces el entrenador no se detiene a observar esas acciones, en apariencia tan insignificantes, sino que se cuida más bien de estar haciéndoles indicaciones tácticas a sus jugadores o de gritarles barbaridades durante el partido. Veamos algunas de esas acciones:

El centro: Lanzan un pelotazo al costado y un delantero entra bien en la jugada, pero llega al fondo y centra mal, de tal forma que el balón pega en el costado de afuera de la malla o sale terriblemente desviado. Abucheo del público.

¿Qué pasó?... Generalmente ocurre que el jugador va por el esférico en línea recta, de tal forma que, en el momento en que va a efectuar el centro, su pie de apoyo no esta apuntando hacia el arco y entonces, la pierna ejecutante tendrá que hacer un giro de casi 90 grados, lo que sin duda, le quitará precisión y plasticidad al gesto. En el fútbol, el pie de apoyo es el que indica la dirección hacia donde va a ser enviado el balón.

¿Qué debe hacer?...Dirigirse a la pelota realizando una pequeña “curvita” sobre la misma, ya que así garantiza que su pie de apoyo apunte hacia el centro del área que es hacia donde se quiere enviar el esférico. Luego, en el momento del impacto, deberá soltar totalmente la pierna ejecutante y extender los brazos, para que el lanzamiento salga con la potencia adecuada. Favor observar a los brasileros.

Enfrentar al arquero (1):
Otro pelotazo y sale un delantero con ventaja sobre los defensas; entre él y la pelota hay dos metros de distancia, y entre el arquero y la bola hay tres. Pero cuando llega a definir encuentra que ya tiene el ángulo cerrado y se pierde otra oportunidad.

¿Qué ocurrió?...Analicemos varios factores: Cuando el delantero sale a buscar la pelota generalmente corre hacia ella mirándola fijamente (se deja seducir), algo que no es necesario en ese tramo de dos metros. Esa distancia el jugador debe aprovecharla para, en fracciones de segundos, ubicarse con respecto al arquero, al área y al arco y deberá resolver a qué va al balón, si le pegará de una vez o avanzará con él. Pero se equivoca el futbolista cuando espera llegar al balón para “pensar” qué va a hacer. Esos segundos son los que aprovecha el arquero para reducir el espacio.

¿Qué debe hacer?... Cuando parte el pelotazo, el delantero mirará la pelota y se ubicará con respecto a ella; en la carrera levantará la cabeza y mirará el arco (también decidirá lo que hará inmediatamente después) y cuando llegue al balón se cuidará de concentrarse fijamente en él escogiendo el sitio exacto donde debe pegarle (técnica de ejecución); en esos momentos su mente tendrá una imagen retenida de lo que, fracciones de segundos antes, había observado con respecto al arco. Allí también se equivocan muchos jugadores, ya que en el preciso momento en que van a pegarle a la pelota, levantan la mirada-¡error!- quizás para ver cómo entra en la red, (manías de observadores que adquirimos todos) y, justo en ese instante, el balón en movimiento se sale del encuadre visual anterior y entonces ya no le pega en el sitio exacto y se pierde lo que hubiera podido ser un lindo disparo.

Enfrentar al arquero (2): Cuando un delantero enfrenta solo, en un mano a mano al arquero, con frecuencia se equivoca porque se dirige en línea recta hacia él (es decir, sin proponérselo lo va a buscar, cerrándose el ángulo). Además, guarda el concepto erróneo de que enfrentar al arquero es “rajárselo”, cuando la idea es que signifique “hacerle el gol”. Una vez tenga esto claro, el siguiente paso es “sacar al arquero de su carril”, o sea, desviar la pelota ligeramente hacia un costado para que el arquero tenga que dar un paso lateral tratando de colocarse en el nuevo carril de la pelota, situación que aprovechará el delantero para tirar el balón al otro costado (donde se encontraba segundos antes el arquero) consiguiendo así su objetivo.

El cabezazo: A veces ocurre que un delantero va a fondo y realiza un centro a segundo palo y aparece un compañero completamente solo y cabecea enviando la pelota a las nubes, perdiéndose una linda oportunidad. Regañamos al jugador porque, no podemos creerlo, nada más era “tocarla” y listo. Observemos bien que quizás el error estuvo en que el delantero esperó la pelota sin levantarse del piso y por eso cabeceó de abajo hacia arriba.

¿Qué tal si se hubiese levantado hasta cierta altura para que su frente alcanzara a nivelarse con la pelota?...Seguramente hubiera podido conectar con mejor dirección su cabezazo. Además, fijémonos en otro detalle: Generalmente nuestros jugadores no atacan la pelota en el cabezazo sino que esperan que ésta les golpee en la cabeza lo que se traduce en una ejecución desacertada y por lo tanto de impredecible resultado.

Nótese que hemos analizado sólo simples situaciones que se conocen en el fútbol como de “gol fácil”, que casi no se entrenan, de las que casi no se habla en las prácticas ni en las charlas técnicas, pero que después se constituyen en una fuente de lamentaciones, porque, terminamos diciendo siempre que perdimos porque botamos unos goles increíbles, y aquí sí se puede aplicar aquello de que los partidos se pierden adelante.

En el entrenamiento con niños es muy importante hacer énfasis en la PRECISIÓN de los gestos, más que en la velocidad y la potencia de la ejecución. Entrenar con exigencia en la Precisión, haciendo correcciones claves, puede convertir la Habilidad en destreza, que es el objetivo esencial del entrenamiento.

Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com
Publicado en el Heraldo Deportivo - Mayo 20 de 2008.

LA DIFERENCIA EUROPEA

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Tuve la fortuna de ser invitado por el Deportivo Cali al Torneo Internacional de Gradisca d’lonzo, en Italia. Un torneo juvenil con la estructura de un mundialito de clubes en el que se destacaron, este año, escuadras como Juventus, Émpoli, Nápoli, Milán, Udinese y Sampdoria de Italia, Selección de Estados Unidos, Atlas de México, Borussia Dortmund de Alemania, CSKA Mosca de Moscú, SK Austria Kaernten, Deportivo Cali de Colombia y Atlético Mineiro del Brasil, campeón de las tres últimas versiones.

Ya en la cancha pudimos apreciar a los equipos europeos con su fútbol tradicional de pelotazos largos y juego simple pero de gran fortaleza. Exhiben un trabajo serio, muy táctico y de mucha concentración. Cuando los europeos juegan entre ellos la cancha se cierra a 30 metros, un espacio prácticamente sin fisuras, donde los delanteros están tan alertas como los defensas en la disputa del balón y de paso evitan caer en el fuera de lugar cuando les reducen la cancha.

En el partido ante el Émpoli, uno de los clubes que mejor trabaja sus divisiones menores (de hecho es el campeón actual de esa categoría en Italia), al Deportivo Cali le tocó soportar una aplanadora por la manera en que fue apretado por el equipo azurri. Nuestros jugadores, acostumbrados a recibir el balón primero y pensar después, se sorprendían por el asedio implacable en todos los sectores del terreno. Inesperadamente, un error del arquero contrario permitió que el equipo colombiano empatara y, vale decirlo, después, el cuadro verde se jugaría su mejor partido del torneo remontando el tanteador.

Ahora, aquí sí debemos destacar una diferencia importante: la disposición mental para conservar el orden y apretar y jugar sin interesar el marcador. El Émpoli perdía con el Cali y jamás se descompuso. Nada de ir a alegarle a los árbitros, nada de tirar patadas (fuera de las normales), nada de lanzar pelotazos sin sentido, nada de desordenarse; perdieron finalmente 2 por 1, pero, como se dice, “con las botas puestas”, haciendo su fútbol: la misma propuesta desde los primeros minutos, cuando salieron ganando.

Y, al día siguiente, Nápoli, al inicio del segundo tiempo ya nos superaba 3 a 1, y su planteamiento siempre fue el mismo: dos o tres pases simples, un enganche que atormentaba a la defensa caleña y dos delanteros moviéndose todo el tiempo. ¿Y el resto? Pues, trabajo de equipo, hermano. Ubicación en el terreno, disposición para recuperar la pelota, juego concentrado en un solo objetivo: cumplir. La diferencia europea es todo un paradigma cultural: la necesidad de conservar sus preceptos con rigor, la voluntad de manifestarse de manera económica y simple. En definitiva, para ellos, ganar es NO DESCOMPONERSE.

Tenemos que decir, no obstante, que el Deportivo Cali fue una agradable sorpresa en el torneo. Con ese fútbol alegre, de inventiva, de habilidad propio de los suramericanos, puso la nota refrescante en las canchas y se ganó la simpatía del público, que no entendía cómo un equipo así quedaba eliminado. Cuando salimos para el último juego, ante la Juventus, estábamos clasificados, bastaba conservar el empate mientras en el otro partido no ganara Émpoli.

A pesar de que la Juventus necesitaba ganar para clasificar apostó a su dispositivo de orden conservador, esperó y esperó y en el segundo tiempo capitalizó dos errores de la defensa caleña y se llevó los puntos dejando en el camino a un equipo que tuvo todas las pretensiones de ganar, creando una serie de opciones claras (hasta un penalti) que no fueron concretadas.

Días después pude ver los entrenamientos del Inter de Milán en categorías menores en el “Centro Sportivo Giacinto Faccetti”, y claro, ahí estaba todo: definitivamente priorizan el trabajo táctico. Cuentan con varias canchas de fútbol rápido -así les dicen- y juegan mucho en espacio reducido (5 versus 5, ó 7 versus 7), desmenuzando cada jugada, parando, repitiendo, corrigiendo, analizando movimientos: tienen muy claro que el fútbol es un deporte rico en situaciones complejas y, por lo tanto, lo procesan de manera deliberada.

Thomas Kempe, un veedor del Berder Bremen de Alemania que fue invitado al torneo por el empresario FIFA Helmuth Wenin, nos comenta que, ahora en Europa, aquello de la estatura dejó de ser una condición primordial y se están teniendo en cuenta otros elementos como la rapidez y velocidad y, por supuesto, la potencia. El tema terminó planteándose porque, curiosamente, de los jugadores nuestros que más les llamaron la atención a los veedores, algunos son bajitos.

Vimos también los partidos Juventus-Nápoli (inaugural) y Juventud-Mineiro (cuartos de final) y estuvimos analizando al Prosesto, un equipo filial del Inter de Milán que jugó en su sede un partido amistoso contra el Cali, y me pillé otro detalle: hablan muy poco en la cancha. Están en lo que están, ejecutan. Por momentos hasta se percibe cierto silencio embarazoso en el terreno, parecen mudos; a lo mejor están concentrados en lo que hacen. Muy diferente a cuando uno asiste a un partido de juveniles en Colombia, especialmente en Cali, que hay una gritería enorme y parece como si se estuviera acabando el mundo. Notamos, por ejemplo, que mientras los del Nápoli nos goleaban, los nuestros gritaban y discutían.

Lo del Mineiro del Brasil es un caso excepcional: ha participado en seis versiones y se ha quedado con el título en cuatro oportunidades -tres de ellas en forma consecutiva- y una vez con el subtítulo. Habría que ver cuál ha sido su fórmula. Argentinos Juniors de Argentina es otro de los clubes que ha impuesto su supremacía en cuatro torneos. El Atlas de México, sin embargo, ha participado en doce ocasiones y no ha podido ganarlo. En las 23 versiones que se ha jugado este torneo de manera ininterrumpida, sólo han alcanzado el título cuatro equipos italianos y, en los últimos 16 años, sólo la Juventus se coronó campeón en el 2005.

Renato Damiani, un comunicador barranquillero del programa radial de Carlos Antonio Vélez y quien hace varios años asiste a este torneo de Gradisca, nos contó que, estadísticamente, son muchos más los jugadores que se consolidan en el primer nivel de los clubes del viejo continente, y que han jugado este torneo, que los nuestros.

Al final me queda la sensación de que los equipos europeos toman este torneo más como un ensayo en ese proceso de profesionalización que les aplican a sus jugadores, que por el afán por obtener un trofeo. Probablemente nos toque aprender esa manera de asumir el juego. En nuestros países, cuántas veces hemos dicho lo mismo de dientes para afuera. El problema de fondo es de mentalidad.

Los europeos sí podrían decir aquello de que lo que menos interesa es el resultado inmediato. A ellos les concierne todo lo que pase con los jóvenes, por supuesto, en la medida en que significan la preservación de su acervo, no sólo deportivo, sino social y cultural.

Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com

Publicado en el Heraldo Deportivo - Mayo 13 de 2008.

NOS CUESTA JUGAR CON VENTAJA

Por: Agustín Garizábalo Almarales

En el fútbol, ya se sabe, se pasa con frecuencia de la felicidad a la agonía. Especialmente en torneos cortos donde se juega muy seguido, los estados de ánimo duran a veces menos de 24 horas. Esto ha sucedido en nuestro país en innumerables ocasiones con equipos de fútbol que ganan un partido de fantasía y al siguiente se dice que sus jugadores son unos troncos.

Los fanáticos que regresan a las tribunas a la caza de un nuevo espectáculo, los empresarios que se acercan con sus agendas y los periodistas que deliran anticipando el cielo y, con frecuencia, hasta los propios entrenadores, quedan anonadados y confundidos porque el equipo, después de una exhibición de ensueño en el juego anterior, ha estado totalmente desconocido, y hasta los jugadores parecen otros muchachos. ¿No será que nos los habrán cambiado? se preguntan.

Nadie puede entender qué ha pasado. Sencillamente los jugadores no vinieron. Se quedaron en el partido anterior. Pese a los esfuerzos de los entrenadores por despertarlos del letargo, es muy poco lo que puede lograrse. ¿Cómo hacer entrar en razón a un borracho? Para colmo de males, si el equipo, por un golpe de suerte, sale ganando, pues, mucho peor, porque, paradójicamente, ese hecho podría darle al grupo un plus de autosuficiencia, tan frecuente en mentes inexpertas. Y aquí sí se arma Troya. Todos se paran a mirar, dejan de correr porque sus cerebros no están en el presente, en sus cabezas siguen corriendo ríos de imágenes de otro tiempo y se dispara un mecanismo que paraliza los músculos pero inflama la soberbia.

No se puede creer, por ejemplo, cómo esa defensa que en la tarde anterior estuvo infranqueable, hoy haya sido una coladera con su accionar errático y dubitativo. Y ni para qué hablar de los creativos o los delanteros: apenas son árboles mecidos por el viento, pero en aquello de correr y fabricar jugadas de peligro, nada de nada. La tribuna, irritada, pide las necesarias sustituciones, que esos tipos vayan a robar a otra parte, gritan. Pero, ¿qué ocurre? A los que entran como solución les va peor. En definitiva, una debacle, y todos quedan haciendo cruces, desconcertados.

Luego se suelen elaborar dramáticas reflexiones tras un resultado de este calibre. En torneos cortos, sostener la ventaja viene a ser lo más difícil. Lo que marca la diferencia al final es la regularidad en el rendimiento de los jugadores y si se juega cada día o día de por medio, no es nada fácil. Surgen entonces los interrogantes de rigor: ¿Qué pasó? ¿Será que hicieron daño los elogios? ¿Hubo algunas distracciones? ¿La prensa tuvo algo que ver? ¿O es que se agrandaron y creyeron que ya habían ganado con la camiseta?

Todo es posible. Los técnicos prefieren apuntarle siempre a una falta de actitud adecuada o una suma de distracciones sutiles y culpan a los jugadores de comportamientos irresponsables. Uno de los deportes favoritos de las delegaciones deportivas es la autoagresión cuando las cosas no salen.

Aunque puede ser una inestabilidad inconsciente, Lo cierto es que nos cuesta jugar con ventaja. Todos hemos caído alguna vez seducidos por el triunfalismo. El éxito puede ser embriagante y soporífero si no se es capaz de salir de ese trance. Y más en torneos importantes cuando se juega contra clubes de renombre internacional. Por eso, asistir a este tipo de competencias, en ocasiones, nos regresa a la cruda realidad y nos pone en nuestro sitio. La experiencia no se improvisa, dice el adagio, luego, necesariamente, hay que pasar por ahí. Hay que padecerla.

Pero como en nuestra cultura estamos condicionados para rebuscarnos para el día, caminando sobre el filo de la navaja, y nos gusta el teatro y la tragedia, entonces es preciso el sufrimiento, caer en situaciones límites, nada que nos permita aprovechar la supremacía para seguir en una senda de satisfacción y tranquilidad como tendría que ser, sino que, de alguna manera, perseguimos ese estado de incertidumbre donde el drama y la angustia nos hagan sentir vivos, para querer venir a demostrar después que sí se podía. El problema grave es que esta práctica se vuelve adictiva. Nuestro deber, por tanto, es trabajar sobre ese paradigma erróneo. Piedra de toque y acción clave para un cambio verdadero y sustancial.

También es común caer en la tentación de imaginar que eso sólo le pasa a uno, pero quién sabe. Nosotros, los colombianos, por ejemplo, mientras en el fútbol sigamos apostando a la fórmula de querer controlar el entorno de los jugadores va a ser muy arduo alcanzar logros permanentes, porque el problema no son las mujeres, ni el periodismo, ni los empresarios, ni el hotel, ni el celular. Eso siempre va a estar ahí. “La fiebre no está en la sábana”, decían los abuelos.

El tema es la interiorización de la responsabilidad y esa no se aprende sólo porque se diga algo al respecto, ni porque alguien venga a contarle a uno una historia de dolor y superación. Mientras se apunte al mecanismo policial de estar encima los jugadores, sospechando de todo y de todos, jamás ellos van a adquirir una autorregulación que les permita sostenerse con equilibrio en los momentos de triunfo o de fracaso. Siempre habrá alguna fisura por donde se cuele una distracción. Si el jugador, por sí mismo, no es capaz de sortear las tentaciones, no hay caso, porque en algún momento va a fallar. Y si no puede resistir un halago, significa que aún le faltan horas de vuelo, necesita mejor capacitación personal. Es una metodología difícil y dispendiosa ya que culturalmente no estamos educados para responder por nosotros mismos. Y de eso se trata.

No obstante, ¿Qué hacemos en las categorías menores? Pues, trasladamos los métodos represivos utilizados en los equipos profesionales, trabajamos a partir del miedo y la desconfianza de los dirigentes y entrenadores, perpetuando así una práctica inveterada de conflictos y agresiones intestinas en cada concentración o en los días previos a los partidos decisivos. ¿No sería mejor tener cuidado con el tipo de jugador que se elige? Un club que pretenda armar un equipo serio tiene que buscar jugadores con ese perfil. Y así evitará el desgaste del excesivo control y escrutinio. Es cierto que no resulta nada sencillo, pero cuando se vaya a adquirir un jugador, por ejemplo, habría que investigar no sólo sus antecedentes futbolísticos sino también personales.

El éxito es como el dinero, sólo se aprende a manejarlo teniéndolo, sorteándolo. Dolorosa pero afortunadamente no hay otra receta mejor que vivirlo, por eso todos podemos aspirar a él. No se hereda. No se transmite. Se gana, se pierde o se recupera. Pero nadie puede gozárselo todo el tiempo. Coqueta y caprichosa, la diosa fortuna pasa y toca la puerta, pero no se queda.

No hay nada más engañoso que el triunfo. Distrae e invita a soltar las amarras. Un ganador auténtico no se conforma solamente con ganar, sino que se obliga a sí mismo a descubrir y decodificar la fórmula del éxito para así poder repetirlo. La historia está plagada de deportistas que, mientras no habían ganado nada, se esforzaron, se cuidaron y estuvieron concentrados, preparándose a diario en pos de una ambición, pero, una vez obtuvieron los logros y empezaron a ganar dinero y fama, se descuidaron, se volvieron soberbios, se llenaron de pereza y buscaron el camino fácil de hacer trampa para no cumplir con su rutina de vida y cayeron en la autocomplacencia y en las prácticas erróneas.

Es decir, que también se puede fracasar el día que se triunfa.
Vaya paradoja.

Si quiere hacer algún comentario o sugerencia sobre este artículo favor escribir a agarizabalo@hotmail.com

Publicado en el Heraldo Deportivo - Mayo 6 de 2008.

La experiencia de Gradisca (Italia): ¿VALIÓ LA PENA?


Por: Agustín Garizábalo Almarales

Por supuesto que sí. Hacia ese tipo de vivencias es que tenemos que apuntar. Significa, ya se sabe, un gran esfuerzo económico, pero ¿cuánto es el saldo a favor? Se sabrá en pocos años. Quisiéramos saber qué mecanismos misteriosos se han disparado en el interior de estos jóvenes, qué ha cambiado en el modo de ver sus vidas. Poder confrontar sus aptitudes futbolísticas nada menos que contra equipos europeos y exhibiendo un buen nivel, es una ganancia nada despreciable. Se dirá que, como siempre, sólo hablamos de victorias morales. Pero, qué más nos queda. Estamos para aprender. Nuestros jugadores cargan con ese vacío extraordinario de la falta de competencia internacional y eso sale porque sale en situaciones límites.

Nadie discute lo valioso que puede resultar una experiencia de esta calidad en la formación de un muchacho con aspiraciones de consolidarse en el fútbol profesional. Vivencia que lo marcará para toda la vida, porque el joven regresa densificado, con otra visión, nutrido de paisajes, situaciones, idiomas y confrontaciones fuera del ámbito natural que de alguna manera enriquecen su acervo cultural.

¿Qué tal esta? Me entero que nuestro delantero Luís Muriel, de Santo Tomás (Atlántico), como jugador de fútbol, al estadio más lejano que había ido era al de Aracataca (Magdalena). Los demás muchachos nacidos en el año 1991, también corren con una suerte similar. Casi ninguno ha representado a la selección de su departamento en las categorías infantil o prejuvenil en los torneos nacionales de Difútbol porque estos se realizan, durante 4 años consecutivos, en edades pares, es decir que, los nacidos en los años impares prácticamente quedan marginados. Es la situación de la mayoría de nuestros muchachos. El Cali, además, llevó a Gradisca siete jugadores nacidos en el año 92, los cuales podrían repetir en el evento en que se vuelva a clasificar como campeón en el torneo de las Américas.

Y ni qué decir de nuestra falta de horas de vuelo. Sólo dos jugadores habían estado alguna vez en Europa, y eso, en temporada de vacaciones. Un viaje trasatlántico es un lujo que muy pocos jóvenes colombianos pueden darse; fue algo cómico, pero muestra la inocencia de los pelaos en este tipo de situaciones: la anécdota aquella cuando algunos se comieron los topitos que dan en el avión para taparse los oídos, creyendo que eran chicles.


Y ya en la competencia, Juan David Cabezas fue protagonista clave de nuestro grupo. Como capitán sobresalía por su liderazgo, pero también porque estuvo implicado en casi todas las jugadas importantes de los partidos: anotó tres goles, puso pase gol, le cometieron penalti, erró un penalti, cometió un penalti, mejor dicho, el chico se hizo notar y por ahí andaban preguntando por él algunos veedores. Igual preguntaban por Andrés Escobar, “Manguita”, ese pequeñín delantero habilidoso que le gustaba tanto al público. Y por Héctor Quiñones, un lateral izquierdo con mucha proyección, de buena condición técnica, con unos enganches hacia adentro que descomponían a los defensas rivales. Y llamó la atención el juego de Lizarazo, la fortaleza de Cerrato, la elegancia y técnica de un defensa como Espitia y la talla y buen oficio ofensivo de Muriel y Murillo.

En fin, el Deportivo Cali fue la sorpresa agradable de ese torneo. Con un fútbol alegre, de inventiva, de habilidad, característico de los suramericanos, puso la nota refrescante en las canchas italianas y se ganó la simpatía del público, que no entendía cómo un equipo así resultaba eliminado.

Queda la espinita porque se pudo llegar más lejos. Y queda la enseñanza de que este es un torneo muy serio, donde hay que capitalizar al máximo las experiencias conseguidas, quiere decir que, en lo posible, algunos de los del cuerpo técnico actual deberían repetir en torneos venideros. Y por último, tener en cuenta que un equipo para ese nivel de competencia hay que armarlo y prepararlo con mucha anticipación, porque, al final, el bagaje táctico es primordial en momentos en que aparece el déficit físico y técnico por la fuerte exigencia de jugar a diario y contra escuadras que pelean hasta la muerte.

Si quiere hacer algún comentario o sugerencia sobre este artículo favor escribir a agarizabalo@hotmail.com
Publicado en la revista del Deportivo Cali - Mes de Mayo - 2008

LASTIMA QUE NO TENGA TALLA


Por: Agustín Garizábalo Almarales

“La mamá de Juaniquito lo ha llevado donde el doctor Carlos Rolong para que le organice un programa de crecimiento y desarrollo. Está asustada porque su niño casi llega a los trece y se ve completamente imberbe, con apenas un metro y veintidós centímetros de estatura. Pero la decepción ha sido muy grande, porque el doctor Rolong, que no es dado a llamarse a engaños, les ha dicho que la talla es una condición genética y no hay forma de modificarla y, si miramos la estatura de la madre, que no sobrepasa el metro cincuenta, y del padre, que no llega al metro sesenta, no podemos ser muy optimistas con lo que pueda crecer Juaniquito, dijo el doctor Rolong, mientras miraba de reojo la enorme tristeza que ensombrecía la cara de la señora.

De modo que han salido del consultorio como casi siempre sale una mamá con su hijo, discutiendo. La madre no puede controlar la sangre que se le sube a la cabeza por el terrible sentimiento de culpa, como si ella tuviera alguna responsabilidad, o tal vez sí, pensó, porque siendo yo tan pequeña, por qué vine a enredarme precisamente con otro enano. Y Juaniquito, que ya hace pucheros para agredir sin disimulos a su madre, llora pero en realidad no sabe por qué, no sabe si eso será una enfermedad o una tara...”

-(Fragmento de mi relato “Salta, salta, Juaniquito”)

El asunto de la talla del jugador se ha vuelto un tema obsesivo en el fútbol actual. Virtualmente lo obliga a uno a andar armado con un metro cuando va a mirar un partido. Y hay gente que va más allá y le manda a hacer al muchacho el test de Tanner (“prueba que permite tener una idea de qué tan avanzado se encuentra el desarrollo de un niño o un adolescente, evaluando el proceso puberal, es decir, grado de maduración de los genitales externos y vello público”
– Médico Juan Andrés Mosquera, especialista en medicina deportiva)

De manera que vamos a hablar con un empresario o el técnico de un equipo profesional de un pelao que juega bien y lo primero que preguntan es qué estatura tiene. O de repente, estamos en una cancha abierta y hay un chico que ha sido la sensación del público por sus jugadas magistrales, y nos parece normal que alguien diga: “Ese es un crack. Lástima que no tenga talla”.

Ya no es el deleite de antes cuando en los torneos candorosamente escogíamos y gozábamos con los jugadores que más nos deslumbraban. Nos extasiábamos con las fintas, con la jugada preciosa, con la desfachatez. Simplemente nos dejábamos guiar por el gusto, por esa sensación de haber encontrado algo que nos prodigaba alegría. Ese tiempo ha pasado. Ahora uno se va pervirtiendo y se deja ganar por la responsabilidad. Y le ocurre como a los jugadores de fútbol de ahora, que terminan afanándose sólo por cumplir con lo que les exigen. Por eso hasta es bueno a veces no saber.

Y después esa pelea con los técnicos. Pareciera que nuestra labor pasó a ser la de encontrarles defectos a los buenos jugadores. Que si son bajitos, que si son lentos, que si les falta actitud. Mira uno a un buen jugador y enseguida se pone a pensar que no le va a gustar al entrenador tal porque es lento, o al Preparador físico cual porque es enano. O que le falta peso, o que juega muy relajado. ¡Tantas Cosas! Conozco técnicos de fútbol que descartan a un muchacho sin haberlo visto jugar ¡Qué horror!... sólo con verle la talla o mirarle el semblante.

Sé de otro que “descubrió”, en un centro comercial, a un chico que jamás en su vida había jugado fútbol y lo convenció de que se pusiera los cortos, porque ¡qué estampa, muchacho, qué estampa!...y hasta de Europa vino a hablarle. Porque lo que se está mirando primero es lo atlético y también si el tipo corre y mete y se adapta a un esquema, y después, sólo después, se fijan si el joven sabe jugar al fútbol. Y sé de algunos entrenadores que nunca se toman la molestia de mirar esto último.

Paradójicamente, cuanta más información poseamos, resulta más difícil hacer una elección afortunada. Son ya tantas las pautas por las cuales tenemos que regirnos, que llegamos a sorprendernos de que aparezca algún jugador que cumpla con esos requisitos. Siempre estamos llenos de vacilaciones. Y aún, con todos esos muchachos que hemos llevado al fútbol profesional durante estos años también nos asaltaron las dudas, esa estela de incertidumbre, ese quizás, no sé, puede ser, tal vez. Ahora es muy fácil venir a hablar cuando ya están arriba, pero en el camino hubo que volver a apostar por ellos en varias ocasiones, porque esto suele ser así, una suerte de futurología deportiva donde se corre más el riesgo de equivocarse que de acertar. Son escasos, por tanto, los jugadores que hicieron el recorrido impecablemente hacia arriba. Ellos muy bien lo saben.

Pero dejemos que sea el propio médico Carlos Rolong quien nos amplíe el concepto. Médico, ¿Qué nos puede decir del biotipo?

“En realidad no debería hablarse de Biotipo sino de Somatotipo. El biotipo es la constancia de ciertos caracteres físicos en un grupo determinado; Bio significa vida, y Tipo forma; entonces se trata de la descripción de signos o rasgos físicos de una forma tipo de animal o planta que puedan ser considerados como modelos de su especie o raza. En tanto Somatotipo viene de Soma: cuerpo y Tipo: forma; es decir, se puede definir como el sistema diseñado para valorar la forma corporal y su composición mas frecuentes permitiendo registrar en deportistas, por ejemplo, componentes como la delgadez, grasa corporal o masa muscular y a su vez la estatura, peso etc. O sea que se puede medir, permite configurar un percentil, establecer unos parámetros con respecto a sí mismo y a individuos de la misma edad a escala local, nacional o mundial. Luego, en nuestro medio, se viene utilizando mal la palabra Biotipo. Cuando se vaya a hablar de la talla y peso o de la conformación corporal de un futbolista, debe decirse Somatotipo, aun cuando el término sea menos conocido”

- Y ¿qué tan importante es la talla para jugar fútbol de alta competencia?

“Puede ser importante si va a jugar en la posición de arquero o zaguero central; en esas zonas, especialmente, la estatura es vital. Para el resto de las posiciones el joven tendrá que compensar su falta de talla con otros elementos, como una muy buena masa muscular, excelente potencia para la saltabilidad y por supuesto, tener exquisita técnica y conocimiento del juego. Seguro que, si además de ser bajito es débil en su constitución física, no tendrá muchas posibilidades de consolidarse en ese fútbol invadido por atletas de gran proporción”

En la selección de talentos, en ocasiones, conviene guiarse por algunos parámetros establecidos. Pero no debe ser lo más importante. Tiene que haber una señal, un sexto sentido, algo más que te indique que hay un talento palpitando en la cancha. Por mucho que nos apoyemos en las ciencias y en las mediciones científicas, en el fútbol finalmente, la decisión sobre la captación de un jugador es tomada con base en apreciaciones subjetivas.

¿Cuántos no andan metidos en un campo de fútbol, con unas pintas bárbaras y les llaman futbolistas porque cobran, pero escasamente patean un balón y tienen un resorte en vez de pie?

Un entrenador brasilero dijo alguna vez que en el fútbol debía hablarse sólo de jugadores buenos o malos, no de altos o bajitos.


Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com,
Publicado en el Heraldo Deportivo - Abril 15 de 2008.

martes, 8 de abril de 2008

SABER ELEGIR ( Segunda Parte ) - Qué Hay que Ver

Por: Agustín Garizábalo Almarales



El verdadero secreto de esta labor es el seguimiento.”



Cuando ya tengamos referenciado al jugador que vamos a analizar, debemos concentrarnos en su actuación durante la competencia –y fuera de ella- y tener en cuenta ciertos detalles que pueden marcar la diferencia:

Desplazamientos: Casi es una norma universal: el jugador de talento tiene una forma especial de correr, una gracia, una elegancia; en el lenguaje antiguo: un “aguaje”. Generalmente juega con la cabeza levantada y sus desplazamientos suelen ser explosivos pero también económicos. Y la cualidad más importante es que maneja los cambios de ritmo: sabe pasar de jugar rápido a pausado y viceversa.

Golpe de balón: El talentoso posee una sensibilidad especial en el trato con la pelota. Cuando uno ve que el muchacho no patea, sino que más bien acaricia la pelota y ella le obedece como a pocos, allí hay posibilidades de encontrar algo bueno.

Decisiones dentro del área: ¿Quieres saber cuál es el gran jugador?...
Analiza cómo es su actuación dentro del área propia (cuando aparece en situación defensiva)
Y dentro del área contraria (cuando aparece como delantero).


Generalmente los talentos toman decisiones asertivas y salen ganando en esas zonas de alta presión, donde el jugador ordinario se confunde y se cae.
Será prudente llevar alguna estadística de lo realmente producido dentro de las áreas: un pase gol, un gol, una finta, un cierre con clase, un mano a mano afortunado... siempre será una buena herramienta. Seguramente podremos constatar (sin mucha sorpresa) que los que más se atreven a buscar la eficacia son siempre los mismos.

- ¿Toma el jugador las decisiones correctas?

“Chispa”: No se concibe a un buen jugador de fútbol que sea un tonto. La viveza y la picardía son casi inherentes al “fuera de serie”. Seguramente será de aquellos que se las “pilla” al vuelo, que identifica enseguida quién puede ser su aliado. Y tendrá ese sexto sentido para sacarle provecho a cualquier situación. El volante creativo, el diez, por ejemplo, en una sola mirada se da cuenta de todo, quien pica, quien se mueve, quien sale a recibir, donde está el espacio, ¡todo!, en un solo golpe de mirada.

Temperamento, Liderazgo, Pundonor: Sin duda un jugador sin agresividad no puede ser un talento. A lo sumo tendrá buena técnica, pero si no la tiene respaldada por el pundonor, el espíritu de lucha y el temperamento necesario, estará condenado a fracasar. Esta “agresividad deportiva” resulta fundamental.

- ¿Está dispuesto a correr para recuperar la pelota?
- ¿Aparece en los momentos difíciles?
- ¿Tiene carácter?
- ¿Es fuerte mentalmente?

El liderazgo también suele ser un rasgo característico en los grandes jugadores: esos que piden la pelota, que no se esconden, que guían a los compañeros, que dan la cara, que no les gusta perder, que van al frente.

- ¿Cómo actúa cuando va perdiendo?

Concepción colectiva: El verdadero talento es aquel que ya se dio cuenta de que el fútbol es un deporte colectivo y que le devuelve diez veces lo que él le da. Es decir, en la medida en que el talento “Ponga a jugar al equipo”, es seguro que el equipo terminará “jugando para él”, porque los otros diez jugadores sabrán que con él cuentan para lograr los objetivos del grupo. Y que él es el hombre. Lo más importante para un jugador talentoso es que sea reconocido dentro del equipo como tal, que se haya ganado esa jerarquía por sus ejecutorias eficientes.

- ¿Juega para él solo?
- ¿Cuántas asistencias hace por partido?

Búsqueda constante del gol: El verdadero talento es aquel que juega para Ganar. No le basta con jugar por jugar. Tiene algo que lo impulsa al riesgo para conseguir lo más preciado y eso es el gol. Así se trate de un defensa, si es talentoso, seguramente será el primero en intentar romper las redes contrarias.

Gusto por el entrenamiento: El jugador tiene que disfrutar el entrenamiento porque ese es su verdadero trabajo: el mejoramiento individual, diario y sistemático.

Debemos verificar si el joven goza con esta disciplina y si además está dispuesto a asimilar de sus profesores, si es un consagrado en esa búsqueda del perfeccionamiento.

“Talento es aquel que posee cualidades especiales que pueden ser potencializadas.”

Entorno social y familiar: Será muy importante analizar también este aspecto: qué piensan las personas que lo rodean, la familia en especial. Generalmente este aspecto determina el nivel de autoestima de un deportista, por lo tanto, no puede ser descuidado.

Investigar cómo el muchacho maneja su tiempo libre, qué otras actividades realiza, cuáles son sus aspiraciones en la vida. Quiénes son sus mejores amigos.

(Debemos establecer si posee una personalidad de éxito o si se ha dejado contaminar por un entorno de fracaso).

Presencia física: Desde luego que la talla y la constitución física son elementos fundamentales para la elección de un deportista con pretensiones de alto rendimiento. Pero tenemos que analizar, esencialmente, porqué un jugador de categoría infantil o juvenil está marcando diferencia. Hay que constatar si su desempeño es sobresaliente sólo por su fuerza y talla y no por los verdaderos elementos del juego.

Ahora bien, si es un muchacho que tiene muchas de las cualidades citadas, pero tiene poca estatura, debemos considerar otros aspectos:

Primero: No hay que descartarlo automáticamente porque sea de baja estatura, es posible que su crecimiento esté retrasado (lo cual podría mejorarse con un plan de crecimiento y desarrollo).

Segundo: Evaluar si a pesar de ello marca realmente diferencia durante la competencia. No olvidemos que con el tiempo él se enfrentará contra estos mismos que ahora compite.

Tercero: Observar para qué posición se está escogiendo: jugadores de baja talla tendrán pocas posibilidades como arqueros o marcadores centrales. Además, debemos mirar si la configuración de las extremidades inferiores es longilínea, muestra de que el joven puede estirarse (por lo menos hasta alcanzar una estatura promedio). Pero si definitivamente es un enano....

La clave no está en andar por ahí descartando jóvenes. ¿Quién es uno para venir a decirle a un joven que no sirve para el fútbol? Se trata es de identificar y descubrir a los que, de acuerdo con nuestros parámetros, cree uno que son mejores y hacerles un seguimiento en diferentes torneos.

La competencia exigente es la única que finalmente muestra el verdadero talento.


Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com

miércoles, 2 de abril de 2008

SABER ELEGIR

Por: Agustín Garizábalo Almarales


“En el fútbol no marcan diferencia
Los que quieren, sino los que pueden.
Y muy pocos pueden”
A. Garizábalo



Durante todos estos años he tenido la oportunidad de asistir periódicamente a capacitaciones sobre fútbol que se hacen en el país y el temario se reduce casi siempre a lo mismo: Metodología del entrenamiento, trabajos técnicos y tácticos, la nutrición, recuperación de lesiones y los últimos adelantos en preparación física, pero muy poco se habla de la escogencia de los jugadores, y se deja, más bien, este punto, a la intuición y decisión espontánea de los entrenadores, como si fuera un cualidad inherente a esa función.

Sin embargo, en el proceso de Divisiones Menores de un equipo de fútbol profesional, por ejemplo, el trabajo más importante debería ser Saber elegir a los jugadores que van a ingresar al Club en las diferentes categorías. Pero, paradójicamente, la responsabilidad de elegir recae muchas veces sobre entrenadores inexpertos y sin la verdadera idoneidad para ello.

Generalmente se tiene por costumbre organizar el cuerpo de entrenadores de Divisiones Menores de tal manera que a cada uno se le asigna la dirección técnica de un equipo y, por lo tanto, son los que tienen la posibilidad de decidir qué jugadores se quedan y cuáles no son admitidos.

Nada más incierto y oneroso.

- ¿Cuántos jugadores pasan años y años en un club, para finalmente descubrir que no tenían condiciones?


- ¿Cuántas veces no han sido desechados jugadores que después aparecen como figuras en otro Club?

- Y, ¿entonces?
El club debe contar con un Director General de Divisiones Menores experimentado en la escogencia de talentos (un “seleccionador” natural), el cual delineará los criterios de selección y tomará la decisión final sobre los jugadores que serán admitidos en las diferentes categorías. Este, a su vez, se apoyará en un grupo de “Cazatalentos”, quienes, orientados y entrenados para que dominen los parámetros de escogencia del club, se encargarán de buscar, minuciosa y pacientemente, a los potenciales jugadores.

El Director General será el responsable directo de esta elección. Y a él habrá que pedirle cuentas. Por ello, tiene que ser alguien reconocido que en cada decisión ponga a prueba su sapiencia, que tenga en juego un prestigio ganado. Porque si este es el trabajo más importante, no puede quedar en manos de un técnico que apenas empieza o que está preocupado sólo en ganar campeonatos.

Al talento hay que buscarlo siempre: La gran opción para los clubes de fútbol profesional, considerando los actuales costos astronómicos de los jugadores de alto rendimiento, es el diseño y realización de un Programa de Veeduría Permanente para la búsqueda de jóvenes talentos. El verdadero talento hay que buscarlo y encontrarlo, no importa de donde sea.

En lo posible, será un proceso de selección rigurosa, dentro de un espectro amplio, a nivel nacional. En este orden, será preciso elegir personas idóneas para esta labor, que tengan “buen ojo”, que conozcan perfectamente el perfil del jugador que se está buscando, y que estén comprometidas e identificadas con la filosofía de la institución.

Para escoger al talento hay que tener talento: Cuando se habla de “talento” en un equipo de fútbol siempre nos referimos a los jugadores. Pero también es necesario descubrir talentos entre los entrenadores y especialmente entre aquellos encargados de la selección del talento. En este aspecto, de vital importancia, no podemos equivocarnos. Pero resulta curioso, y lo he experimentado con frecuencia, que cuando hablo sobre los métodos para seleccionar jugadores, sea, precisamente, la gente de fútbol, la más sorprendida.
- ¿Qué es un “Cazatalentos”?
Los verdaderos “cazatalentos” nacen con ese don, el consabido “Ojo clínico” que se dice. Pero además es importante la experiencia: haber visto mucho fútbol, tener elementos de juicio para comparar sensibilidades, poseer un sexto sentido para percibir ese “no sé qué” que nos muestra a un jugador extraño, diferente.

Porque con frecuencia suele ser un grave error de los entrenadores: que escogen a sus jugadores sólo en la medida en que estos sean capaces de adaptarse a un “engranaje”, a un sistema, es decir, buscan jugadores en Serie. Los verdaderos cazatalentos, en cambio, tienden a buscar (y encuentran) jugadores “Fuera de serie”.

¿Qué cualidades debe poseer un “Cazatalentos”?
Como ya dijimos, debe poseer el don de “ver” más allá de la simple circunstancia. Tiene que poder proyectarse en el tiempo, con base en su intuición y conocimiento, y determinar si en el futuro, ese jugador que ahora marca diferencia, realmente se puede consolidar en un fútbol de alta competencia.

Es decir, no basta con identificar a un buen jugador (eso al fin y al cabo podría hacerlo cualquier observador con un mínimo de conocimiento), se trata de descubrir a un verdadero FUTBOLISTA, alguien que pueda trascender en el tiempo, que mantenga regularidad en su rendimiento, que sea un consagrado a su deporte, que esté dispuesto, si es preciso, a darle un vuelco total a su vida al elegir ese camino.

Muchos juegan bien al fútbol,
Pero pocos son futbolistas.

¿Y qué más se le recomienda al “Cazatalentos”?
Debe actualizar sus conocimientos permanentemente. Lo que hoy es verdad, mañana puede que no. Además, debe llevar un registro detallado de los jugadores observados y a los que se les está haciendo un seguimiento.

Pero lo más importante: Estar Ahí. Estar directa o indirectamente en los momentos cruciales del jugador. Aparecer de cuerpo presente o mediante algún representante, pero es definitivo poder valorar los momentos de máxima exigencia de los prospectos que están en la mira.

Además, el Cazatalentos debe reunir ciertas características especiales para el cargo:

- Mantener excelentes relaciones públicas con la gente del fútbol. Crear una “Red” de informantes, amigos cercanos, conocidos, colegas, periodistas, dirigentes, etc. Nunca debe dejar de escuchar una sugerencia. Es cierto que algunas veces se pierde tiempo. Pero nunca se sabe.

- Debe ser reconocido como alguien serio y leal, digno de confianza; no olvidemos que representa la imagen del club. Esto, además, se convierte en una cadena: un contacto te lleva a otro y a otro, pero lo más importante es mantener un perfil sólido y confiable.

- Debe ser alguien metódico y organizado. Sus informaciones tienen que ser veraces y puntuales. Y, por supuesto, mantener actualizada una agenda de contactos.

- Debe ser alguien asequible, fácil de contactar, dispuesto al diálogo.

- Nota: Se recomienda, por la naturaleza de su trabajo, el cual es analizar y valorar elementos jóvenes, no abusar de la observación de partidos de alta competencia. Cuando esto ocurre, se pervierte un poco el sentido de observación y se tiende a subvalorar cualquier talento en cierne, por compararlo siempre con los grandes jugadores del fútbol internacional. Es importante conservar siempre la perspectiva correcta.

Elegir bien es el secreto clave. Todo lo que se haga después, si no se hizo la elección correcta, es una pérdida de tiempo y dinero”


Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com

Publicado en el Heraldo Deportivo el 1 de abril de 2008.