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viernes, 3 de enero de 2014

CÓMO ACOMPAÑAR UN TALENTO


Por: Agustín Garizábalo Almarales

 Todos quieren ganar
 pero no todos tienen el deseo sincero
 de prepararse para hacerlo”
-Bobby Knight

 Cómo Acompañar un Talento:

Acompañarlo, quererlo, cuidarlo...Jajaja...¡Pero tampoco así!
 Lo primero es conocerlo bien: Su entorno social y afectivo, cuáles son sus motivaciones, sus aficiones, sus dudas, y si está dispuesto a asumir profundamente esa vocación. No basta con pañitos tibios, aquello de que a veces sí y a veces no, debe haber una continuidad necesaria. La clave está en los hábitos que adquiera; estos vienen a ser el verdadero soporte de una carrera exitosa. Por supuesto que tendrá que gozar con cierta habilidad diferencial, un mínimo de magia y una evidente capacidad de consagración. En últimas, lo que se busca es un talento que pueda convertirse en un atleta, porque sólo los atletas pueden competir en los altos niveles.

 Pero, ¿Qué decirle? ¿Cómo abordarlo? ¿Hacia dónde apuntar?...

 Primero, y lo más importante, orientarlo para que aprenda a manejar su energía vital (Jim Loehr). Este es el principal patrimonio del ser humano. De la manera como administre esa energía dependerá que pueda potencializar su talento. Que se alimente adecuadamente, que descanse lo indispensable, que aprenda a gestionar sus conflictos, que se dedique a una actividad productiva en sus tiempos libres. 

Que evite los desgastes innecesarios: Que aprenda a vivir relajado, con un mínimo de esfuerzo, como un gato durante el día, para que, cuando lleguen los momentos de máxima exigencia, pueda contar con esa energía deliberadamente acumulada. Si no la maneja bien, ésta, con seguridad, terminará despilfarrada, agotada o disminuida, de tal forma que sería tanto como salir de casa con el celular semidescargado.

 Jim Loehr (*) también nos habla de que hay que tener cuidado con las historias que contamos. Se desperdicia mucho tiempo y energía, cuando una persona se queja, se pone triste o furiosa. Narrar un panorama pesimista y negativo es definitivamente inútil.  Es preferible cierto desdén al fracaso, que sepa que, en realidad, los fracasos son secundarios, apenas pequeñas desviaciones del camino cuando se tiene clara la meta. Un ánimo alegre y dispuesto predispone al triunfo.

  Importante que el joven aprenda a identificar su clientela, todos la tenemos. Una buena relación con la gente más cercana (familia, amigos, compañeros, entorno) favorecerá los vínculos afectivos y habrá mejor disposición de ánimo para emprender nuevos esfuerzos. Una excelente relación con la clientela externa (periodismo, fanáticos, opiniones diversas), redundará en una buena imagen y, por consiguiente, en la construcción  de la MARCA PERSONAL DE CALIDAD que todo talento debe gestionar a través de sus acciones, presentación personal, actitud dispuesta y una enorme pasión por lo que hace.

 Un carácter asertivo es clave, y se construye tomando decisiones, asumiendo riesgos, guiándose por verdades internas. Si tratamos siempre de adaptarnos a lo que piensen los demás, nunca emprenderemos un camino diferente. Y la personalidad para triunfar tiene relación directa con ese sello personal.

 Debe llevar sus propios controles.“Lo que no se puede medir no se puede mejorar”, señala el filósofo William Pepperell. Conviene entonces  mantener los registros de  sus progresos y falencias. Esta medida servirá como motivación cuando perciba mejorías de su proceso.

Que oriente todo su tiempo y esfuerzo al trabajo, al entrenamiento, a mejorar cada día, no necesariamente a competir. Con frecuencia el joven talento se desespera cuando no entra en competencia porque, naturalmente, quiere mostrar sus condiciones. Lo ideal es esperar el momento preciso: Tarde o temprano tendrá su cuarto de hora y entonces es ahí donde tiene que marcar diferencia. Que cuando le toque actuar lo cojan confesado y adecuadamente preparado.

 Que entienda que todavía no es, sino que está en un proceso de serlo. Implica, por lo tanto, concentrarse en la rutina diaria, sumarle elementos a ese proyecto, hacerlo crecer día a día. Y empezar, de una buena vez, a mantener un comportamiento profesional aunque todavía no esté recibiendo salario por ello. Profesional no es el que gana dinero, sino aquél que se dedica a una actividad útil a los demás y sea reconocido por ello. Cuando esté dispuesto a aprender siempre y a mejorar sus resultados, estaremos ante alguien con capacidad comprobada, y digno de confianza para llevarlo a las mayores cimas del universo.

 agarizabalo@hotmail.com

 im Loehr (*): Coaching estadunidense, especialista en orientar atletas de alto rendimiento.

 Publicado en la Revista de ASEFAL 2014

jueves, 2 de enero de 2014

LA MUERTE DE UN FORMADOR



Reflexión a propósito del fallecimiento del educador                              José Américo Orbes – 


 Por : Agustín Garizábalo Almarales


 “Alguien tiene que morir
Para que los demás sepamos apreciar la vida” – Virginia Wolf



 ¿Qué es lo que muere realmente cuando muere un formador? Podría decirse que no sólo fenece una persona generosa, sino también una luz, una voz, un discurso. Pero, ¿Realmente acaba todo eso? He aquí la gran prueba de fuego: Qué actitud adoptar ante un hecho así.

Un mal día se apaga la lámpara que nos iluminaba el camino y resulta humanamente natural que sintamos desamparo y vacío; presentimos, confundidos, que se nos extravió la brújula y que jamás volveremos a ser los mismos.

Porque el gran Formador es el contador de fábulas que nos pone a soñar, quien viene a decirnos que en la vida no sólo hay crueldad sino belleza y milagro, quien nos muestra, con su ejemplo, que todo es posible en tanto se luche con entrega y pasión, que no hay arte más hermoso y milenario que volver a empezar día a día con el deslumbramiento y la curiosidad de un niño.


Queda entonces, para nosotros, el compromiso de continuar con ese legado. Lo único que justifica el dolor es que nos mande al diván, nos ponga a reflexionar y nos obligue a mejorar la vida.

El amor no sólo es un sentimiento sino un comportamiento y por ello, el mejor homenaje que podemos hacerle a nuestro educador ido es seguir actuando con el rigor y la calidad moral y humana que él nos dejó como regalo.

Vencer el miedo, superar el dolor, disminuir el drama y, cuanto antes, recuperar la alegría y la compasión ¿Qué fue, si no eso, lo que nos enseñó siempre?

La vida se cansa de enviarnos pistas y señales pero sólo algunos pocos iluminados están en capacidad de descifrarlas. Te agradecemos, Dios, por haber puesto, tan cercano, a alguien con esas dotes y esa vocación de amar.

“Cuando muere un sonero/ nace un lirio blanco”, reza la canción cubana (*). Cuando muere un formador, cultivador incansable, deja un jardín de capullos que está obligado a florecer en todo su esplendor para dar fe de su sabiduría. Será entonces esta la verdadera prueba de nuestro amor por él.

__________________________________________________________________
(*) Testamento de un sonero, autor Andrés Pedroso, Grupo Manguaré.

jueves, 31 de julio de 2008

Ser competitivos - (Final) - DEFINIR UN ESTILO


“El futuro del Fútbol, está en el pasado”
-César Luís Menotti

Por: Agustín Garizábalo Almarales


Lo planteado y sugerido en las entregas anteriores (Montaje Operativo, Comunicación estratégica, Armas secretas y Códigos y consignas) no es más que la tentativa de conformar un estilo, de posicionar una marca, una manera de ser y de jugar específicas, el sello que nos distinga y nos haga reconocibles. ¿Cuál sería la razón esencial de organizar nuestro quehacer diario, si no es para, finalmente, imponer un modo de expresarnos?

Lo dramático del asunto es que toda la parafernalia del entorno está confabulada para atentar precisamente contra este propósito. Se acortaron las distancias, se invadieron los espacios; la Internet, la televisión, los medios electrónicos y satelitales, en su afán por entregar una información inmediata, en muchas ocasiones partidaria y sesgada, confluyen hacia una sola idea: Que todo el mundo se identifique con los mismos preceptos. Que se valide una manera exclusiva de asumir la vida, suprimiendo las particularidades. Que la humanidad sea una sola masa uniforme y maleable, fácil de vulnerar, aturdida por una cultura frívola y mercantil carente de raíces ancestrales. Que lejos suena hoy aquella sentencia de Pavese, pero cuánta realidad aún expresa:
“Lo verdaderamente universal está en la aldea”.

Luego, se hace necesario retomar el camino inverso: volver de lo particular a lo global.

En lo que respecta al fútbol aficionado local, definitivamente hemos dejado de ser competitivos, porque seguimos utilizando metodologías y estructuras que alguna vez nos dieron resultados pero que hoy son obsoletas. Nuestro nivel de idoneidad es precario porque el escenario cambió y no nos dimos cuenta. Porque no pudimos adaptarnos a las nuevas exigencias. Porque nos dejamos invadir por sueños y ambiciones propias de otras esferas permitiendo que se falsearan las nuestras.

¿Qué están mirando nuestros niños y jóvenes? ¿Cuáles son sus modelos a seguir? ¿De qué manera vamos a recobrar nuestro fútbol de tradición, si lo que consumen los muchachos a diario son imágenes de atletas de gran talla física que corren todo el tiempo, tiran pelotazos largos, chocan, aplican fuerza y potencia y exponen más un juego de carácter individual que colectivo?

Perdimos el estilo porque tenemos muy pocos espejos donde confrontarnos, porque se impuso el corte de jugador argentino o europeo y porque estamos lejos de las condiciones y características de los atletas que queremos imitar. Se dirá que antes también se recibían esos influjos de los ídolos de talla mundial, pero el bombardeo mediático era, sin duda, mucho menor; además, el joven tenía la posibilidad de compararlos con las figuras del patio. Ahora, en cambio, uno ve a Cristiano Ronaldo hasta en las sopas; el público está más enterado de lo que almuerza Ronaldinho o Kaká, que lo que hace el crack de su barrio a la vuelta de la esquina.

En el fútbol colombiano ¿cómo hacer para que los jugadores aficionados vuelvan a jugar de esa manera que tanto nos gusta y que reclaman los entendidos de vieja data? Porque la escasez de los últimos años no es sólo de resultados (en torneos Nacionales e internacionales), sino la pobre muestra futbolística, la falta de protagonismo, la vacilación, el titubeo, la escasez de pericia. Pareciera que estuviésemos comenzando de nuevo, como si las regiones no tuviesen pasado.

Recobrar el estilo supone exigir, por ejemplo, que para que un jugador pueda integrar una Selección departamental o nacional, mínimo debe saber entregar y recibir bien el balón. En ese aspecto, los entrenadores tenemos que ponernos de acuerdo en “lo fundamental”, como decía Álvaro Gómez Hurtado. Si la característica básica es la condición técnica ¿Cómo elegir a un futbolista que tenga problemas para “dialogar” con el balón? Si históricamente nuestros jugadores han sido de estatura promedio, pero rápidos, hábiles, inteligentes, atrevidos… ¿Para qué cambiar ese perfil, que nos hizo diferentes, por uno quizás más universal pero alejado de la esencia futbolera del terruño? ¿Usted sabe lo que cuesta armar una selección Colombia sub15 o sub17 por la falta de material elegible?

Cuando hemos enviado jugadores de la Costa Caribe al Deportivo Cali, les digo que lo más importante es que no cambien su manera de jugar. Si los llevamos precisamente porque tienen unas características especiales, diferentes ¿Para qué llegar al medio valluno e intentar actuar entonces como los del Valle? El jugador del Atlántico, por ejemplo, debe considerar como un patrimonio, su juego de pases cortos y al pie, su inventiva fantasiosa, su “fulbito” de playa, y apostar al esquema colectivo, ensayando la mentira como arma fundamental. El antioqueño tendrá que seguir apoyándose en su orden y riqueza técnica y el valluno a su potencia y habilidad. Pero en el Valle, para hablar de un caso específico, se acabaron los 10 porque todo el mundo apostó a meter y correr. Ahora el que no mete y corre no juega; antes, lo primero que se exigía era la condición técnica, su habilidad.

De eso se trata entonces: sólo volveremos a figurar cuando aceptemos nuestras características, reconozcamos nuestras debilidades y fortalezas. Cuando intentemos un nuevo arranque desde las raíces, desde el gusto por el juego y no desde la angustia por el resultado. Habrá que armarse de paciencia, eso sí, porque recobrar una manera de hacer las cosas, requiere de mucha valentía, equivale a tener que aceptar que estabas equivocado.

Y tendríamos que renunciar a ciertas mezquindades: Que nuestro fútbol vuelva a ser un concurso donde sobresalgan los buenos jugadores y no el aparataje táctico defensivo. Que jueguen los que sepan jugar y no los que ponen plata para el arbitraje o los que tengan empresarios. Que viajen a los torneos los que nos representen con calidad y no los acomodados que sólo tienen para sus viáticos, pero de fútbol nada.

Nos quejamos en las canchas abiertas porque a las selecciones departamentales les va mal en los torneos nacionales, pero no aceptamos que el cáncer es de fondo; mientras en los clubes y equipos de cada región no identifiquemos a los mejores futbolistas y se les haga un trabajo diferencial, buscando ese plus competitivo en cada uno de ellos, aquellas selecciones estarán condenadas a pasar sin pena ni gloria en esos campeonatos, porque una representación siempre será el reflejo del producto interno, y es hacia él donde tenemos que apuntar. ¿Están preparados nuestros jugadores para la alta competencia? No. Nuestros muchachos son débiles bajo presión, no han adquirido la necesidad de entrenarse y actualizarse de manera individual, no se hacen responsables de su propio proyecto deportivo y, por lo tanto, siempre la culpa la tiene y la tendrá el técnico seleccionador de turno.

Esta serie de artículos que hemos publicado sobre Ser Competitivos, está dedicada deliberadamente a los entrenadores del fútbol aficionado. Sería el primer gran paso que tendríamos que dar: Reconocer la importancia de este hacedor del fútbol. De él dependen serias y complejas decisiones. Sobre él se apoyan los demás actores del fútbol menor. A él le corresponde imponer el estilo, elegir a los jugadores, configurar la estrategia. Tiene mucha responsabilidad en el resultado final de este proceso. No puede seguir escudándose en tardías excusas.

Mientras esas premisas no se cumplan este oficio pedagógico estará marcado por la informalidad, la improvisación, la ilegitimidad. Cualquiera que se para en una raya a gritar inmediatamente se gradúa de director técnico.

Luego, entonces, el siguiente escalón será capacitar nuestro capital humano, emprender esa formación necesaria y reglamentar la actividad, para que, por fin, aquél se constituya en un elemento con poder de cambio.

Muchas gracias…

viernes, 25 de julio de 2008

Ser competitivos (5) - CÓDIGOS Y CONSIGNAS

Por: Agustín Garizábalo Almarales

El fútbol es un deporte de situación. Por eso sus acciones deben ser elaboradas y procesadas durante los entrenamientos, para que los jugadores puedan comprenderlas y vean las diferentes opciones que se les presentan en cada jugada. Será importante, entonces, apoyarse en un catálogo de Códigos y Consignas que se va elaborando con las propias experiencias adquiridas durante los ensayos y partidos. Es una decisión muy particular escoger cuáles son esos detalles que se consideran fundamentales. Cada equipo tiene que organizar los suyos.

Los CÓDIGOS son principios o señales que hay que respetar. De ello dependerá la funcionalidad del grupo. Son acuerdos preestablecidos que hay que cumplir indefectiblemente, puesto que suponen la seguridad necesaria para el trabajo colectivo. Es el patrón de juego. El mapa guía, la brújula cuando se pierden las señales. Un gesto, una orden, un símbolo. Algo contundente que desencadene una acción automática. Puede ir desde respetar un estilo de juego (tener la pelota a ras de piso, por ejemplo) hasta las jugadas de laboratorio, a favor y en contra, en la pelotas detenidas. Vamos a desmenuzar algunos y a enunciar otros:

1-Quien quita, entrega: Un error frecuente: el jugador quita la pelota y enseguida pretende conducirla para crear una jugada ofensiva, pero, casi inmediatamente, se ve comprometido en un choque con un contrario o pierde el balón. ¿Qué es lo que ocurre en este caso?... El jugador, cuando sale a recuperar la pelota, se concentra en los movimientos del rival para poder ejecutar la recuperación. El Recuperador viene a ser, en últimas, un imitador, tiene que acoplarse a ciertos movimientos del contrario para poder quitarle el esférico; pero, cuando finalmente gana el balón tiene poco espacio para maniobrar, porque, por inercia, cerca de la jugada, ya se encuentran varios contrarios, incluyendo, por supuesto, el que lo tenía inicialmente.

Además, en su afán por recobrar la pelota ha perdido la visión o perspectiva de la jugada ofensiva. Así que, queda determinado como un código: Quien quita debe entregar el balón a un compañero y desplazarse hacia una zona menos poblada para tener la posibilidad de participar nuevamente en el juego, ahora con más tiempo y espacio para pensar. Esto le dará fluidez a la circulación del balón.

2-A pelotazo largo, rechazo largo: Los defensas a veces se complican porque, no teniendo claro lo qué van a hacer, aún así intentan bajar la pelota y quieren salir con ella. Es preferible despejarla fuerte. Otra cosa es que cuente con espacio y tiempo para jugar.

3-Respetar la subida de los defensas en los cobros: Si los centrales van al remate, el ejecutor de la falta no debe patear directo al arco. Porque si los defensas avanzaron 70 metros no se pueden dejar colgados. Igualmente, cuando se realiza un cobro de costado, si la pelota va pasada a segundo palo, el que llega no debe rematar al arco, sino bajarla a los centrales que están arriba, pues para algo subieron.

4-Resolver oportunamente: la capacidad de resolución hay que entrenarla; por ejemplo, obligando a lanzar un centro después de cada desborde: Ocurre que nuestro delantero llega con ventaja por el costado y en vez de centrar, mete un enganche y espera a que venga el defensa para enfrentarlo de nuevo. Es posible que logre hacer la gambeta, pero entonces, ya dentro del área encontrará medio equipo contrario. Si pierde el balón, no sólo desaprovechó la circunstancia que se le presentaba al principio, sino que ahora quedarán cinco jugadores (él y los cuatro compañeros que fueron a esperar el centro) por fuera de la jugada y lo más probable es que el resto del equipo esté en contrapié sólo porque prefirió una jugada de lucimiento personal y no pensó colectivamente. Sobre la necesidad de ser eficaces y concretos, debemos insistir en los entrenamientos.
Lo mismo ocurre cuando atacamos con “Superioridad numérica”. Viene el contragolpe y nuestro volante creativo gana la pelota por el medio; aparecen dos compañeros libres, uno por cada lado. ¿Qué hace nuestro “Volante creativo”?... En lugar de aprovechar la “Superioridad” momentánea, decide arriesgarse enfrentando al único defensa que quedaba. Escoge el azar del uno contra uno desestimando la ventaja que tenía ¿Es una decisión realmente inteligente?

Otros Códigos para tener en cuenta: No jugar con pases laterales. Lo primero que tiene que ganar el defensa es la posición, antes de ir a disputar el balón. Un volante no debe salir a dar el combate solo, porque puede quedar fuera de jugada. La primera obligación de un volante creativo es no perder el balón (después de que se recupera la siguiente acción es asegurarlo y sólo después lanzarse a la aventura). El primer movimiento de un delantero es hacia afuera (es preferible que inicie su ataque perfilado desde el costado hacia adentro). Después de un desborde dentro del área el centro tiene que ir arriba, al segundo palo. Toda pelota que venga por encima de la cintura se debe rematar o rechazar de cabeza. Un equipo de fútbol debe tener preestablecido qué acciones empleará para manejar un partido que se vaya ganando.

LAS CONSIGNAS, entre tanto, son propósitos a conseguir durante el juego: Que toda jugada ofensiva termine con un remate al arco contrario, por ejemplo. Que no nos cabeceen en el área. Que se realicen cinco toques cortos antes de un cambio de frente. Que asfixiemos al rival en los primeros 15 minutos cuando juguemos de local. Que los que ingresan como sustitutos cumplan con los objetivos formulados, es decir, que tengan claro a qué van, en qué momento del partido entran, cuáles son sus funciones precisas.

Para trabajar estos conceptos reseñados, se recomienda no caer en el lugar común de utilizar frases hechas. Lastimosamente en todos los estamentos del fútbol se ha impuesto el argot periodístico. Está bien que un periodista diga que al equipo “le faltó actitud”, pero el entrenador ¿cómo traduce ese concepto a un lenguaje de entrenamiento? ¿Cómo hace para que su equipo asimile la “Concentración”? Porque ahora se volvió moda que cada vez que nos hacen un gol es porque estábamos desconcentrados. ¿Cómo se corrige eso? ¿Qué estamos diciendo cuando declaramos que nos “faltó agresividad”? ¿Sí mejorará nuestro jugador si en el balance que le hacemos del partido le decimos que hizo “unas de cal y otras de arenas”?

Ese es un lenguaje muy general y por lo tanto muy difuso; luego, no es práctico ni contundente. Convendría utilizar expresiones asequibles que rápidamente se traduzcan en imágenes que se puedan trabajar. Decirle a un defensa cómo tiene que perfilarse, cómo ganar la posición, cuándo debe marcar hombre a hombre y cómo tiene que hacerlo; a un volante, en qué momento preciso tiene que ir a disputa la pelota, cómo bajar el centro de gravedad para que siempre esté dispuesto a las jugadas; y a un delantero, cómo enfrentar al arquero contrario, cómo tiene que entrar y salir en las jugadas y cómo efectuar centros y definir con acierto, podrían ser, entre otras, situaciones de juego muy puntuales, donde, implícitamente, se está trabajando la concentración, la agresividad, la actitud y todas esas palabras hermosas que utilizamos cuando queremos decir algo pero no sabemos cómo.

Finalmente, durante los entrenamientos, hay que trabajar menos y enseñar más, porque, en ese inigualable espacio para interactuar con el grupo, es más importante primero PENSAR, ANALIZAR y después HACER.

publicado en El Heraldo Deportivo el 22 de Julio de 2008.

viernes, 18 de julio de 2008

Ser competitivos (4) - LAS ARMAS SECRETAS

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Ser competitivos implica también saber controlar algunos detalles del juego que son determinantes a la hora de ver por qué un jugador de fútbol le gana a otro en un duelo. Son minucias que parecen inofensivas, pero, al final, administrar esa pequeña ventaja es lo que marca diferencia en una confrontación.
La verdadera “Arma Secreta” es el conocimiento. Cuando un futbolista tiene mayor y mejor información que su competidor ya va ganando la partida. Equivale a poder manejar ciertas situaciones tácticas, que son universales porque se pueden aplicar en todos los sistemas de juego, y que no tienen que ver con la forma de disponer los jugadores en la cancha, sino con los misterios de cada posición.

Si un joven adquiere la necesidad de preguntarse por qué ganó o por qué perdió un lance y es capaz de responderse honestamente, ya tiene adelantado el camino. Ese cúmulo de experiencias procesadas se impone en una eventual igualdad en otros aspectos. Ahora que el fútbol se ha globalizado y mediatizado y casi todos trabajan y juegan a lo mismo, hay muy pocas posibilidades de sorprender. A menos que apuntemos a los detalles. Veamos algunos:

Proteger la pelota: Hay que enseñarlo, especialmente en edades tempranas. Saber “meter” el cuerpo en las pelotas divididas. Encajar el hombro en el cuerpo del contrario, abrir ligeramente el brazo, bajar el tronco, impulsarse con la pierna contraria. Ganar la pelota: Esto le concede un alto porcentaje de seguridad a los niños. Lo más natural es que los infantes tengan un poco de miedo al ir a las pelotas divididas; el fútbol es un deporte de contacto y los choques son situaciones inevitables. ¿Qué es lo que normalmente observamos?...nuestro jugador va completamente desarmado a ganar la pelota y mete tibiamente la piernita; si lo cogen “mal parado” termina en la pista atlética. En cambio, si le enseñamos cómo debe protegerse, cómo meter el cuerpo, probablemente gane en seguridad y estará mejor dispuesto a “pelear” una pelota dividida. La clave está en el manejo de los brazos y esa sensación de superioridad que se logra cuando en una pelota dividida te adueñas del balón porque sabes protegerlo.

Marcación hombre a hombre: Cualquier día llega el director técnico y decide que ya no va a jugar con marcación zonal sino Líbero doble stopper y dispone que “Fulano” será el líbero (por supuesto, alguien rápido y técnico) y resuelve que “Sutano” y “Mengano” (con seguridad, jugadores fuertes y aplicados) se encargarán de hacer el hombre a hombre. Pero, ¿habrá tenido el cuidado de explicarles a estos niños cómo se realizan esas marcas?.... Si alguna vez se nos ocurre, podríamos tener en cuenta los siguientes aspectos:

A)-Marcar por dentro: significa que el defensa tiene que pararse siempre entre el delantero contrario y su arco.

B)-Distancia apropiada: el defensa no debe colocarse tan lejos ni tan cerca del contrario. La distancia apropiada es más o menos un metro y se mide estirando el brazo del marcador sobre el hombro del delantero; si se ubica muy lejos, tendrá serias dificultades para anticipar. Si se coloca muy cerca, con el mínimo giro que el delantero haga lo dejaría fuera de jugada.

C)- Momento Justo: El momento preciso para anticiparle al rival es cuando la pelota todavía “no es de nadie” y la recuperación se realiza justo en el instante en que el contrario le entrega el pase a su compañero.

D)-Seguir con la marca: Si en alguna circunstancia el delantero logra adueñarse de la pelota y al enfrentar a su marcador busca a un compañero para hacer el uno-dos picando al espacio, es obligación del defensa que hace marca hombre a hombre, seguir con su presa y no soltarla erróneamente para ir a buscar el balón, porque, con seguridad le van a ganar la espalda.

Igual ocurre cuando se hace “marcación en ataque”: A veces, el jugador está haciendo la custodia encomendada mientras su equipo ataca, pero en el momento en que lanzan la pelota, el defensa, equivocadamente, suelta la marca para hacer un “agrande”, lo que permite al delantero recibir sin problemas el balón; en ese momento, por tratarse de una pelota dividida, lo que tenía que hacer era evitar que el delantero se adueñara de la misma y generara una superioridad numérica con sus compañeros atacantes al recibir libre y encarar.

Entrar y Salir: Como entrenador de fútbol, creo que lo más difícil de enseñar a los jugadores de categorías menores es que adquieran ese conocimiento de cómo y cuándo entrar en una jugada y cómo y cuándo tienen que salir. Expliquemos:

En el ámbito defensivo, que el joven tome la marca hombre a hombre cuando la pelota, desde un costado, vaya a ser centrada por un contrario. Generalmente nuestro defensa marca por detrás, se deja anticipar, o le falta dar ese otro paso que le permita disputar una pelota aérea; es frecuente que nos hagan goles después de un centro porque el defensa no está en la distancia precisa. Esto hay que corregirlo en los entrenamientos, que el jugador sienta que es un campanazo de alerta cada vez que la bola va a fondo, porque existen serias posibilidades de recibir un gol. Trabajar mucho los rechazos aéreos para que el defensa gane seguridad al disputar una pelota.

En el ámbito ofensivo, curiosamente, lo más difícil de enseñar (en mi experiencia, repito) es lo contrario, es decir: la misma jugada pero en forma ofensiva: Que el delantero sepa entrar, salir y volver a entrar para llegar al remate con ventaja. Ocurre que el compañero va a fondo con disposición de centrar la pelota y, ¿qué hace el delantero?... Se mete a las cinco con cincuenta y se queda pegado al defensa contrario y al arquero. ¿Qué pasaría si este delantero, entrara –por supuesto-pero luego, antes de que tiren el centro diera varios pasos atrás -saliera de la jugada, desprendiéndose de la marca- y después, cuando el centro venga, entrara de nuevo, ahora sí, para el remate?... Seguramente tendría ventaja por mayor espacio y mejor impulso para cabecear. En todo caso, no basta con decírselo a los jugadores. Hay que entrenarlo, y repetirlo y repetirlo. Movimiento de los delanteros: Cuando se inicia un ataque desde la zona de media cancha, ocurre con frecuencia, que los delanteros lo que hacen es “esconderse” entre los defensas contrarios; corren en forma muy frontal y se “marcan ellos mismos” facilitando así que la defensa contraria recupere la pelota.
¿Cómo deben moverse los delanteros? Generalmente la zona de mayor presión es por el lado donde viene la pelota; luego, será conveniente que el delantero de ese sector, en lugar de correr hacia delante y perder de vista el balón, salga a recibir para jugar en corto, mientras el otro delantero que está más lejos (al otro lado de la jugada) puede picar en diagonal hacia arriba, porque éste sí tiene visión sobre la pelota y probablemente más espacio.

Hay que enseñarles a los jugadores ofensivos que no deben esperar la pelota para iniciar la jugada de ataque; más bien, desde antes de que nuestro equipo recupere el balón, los volantes y delanteros -ubicados de media cancha hacia arriba- irán tomando posiciones para cuando se recupere la pelota ya tengan una tentativa de jugada: el volante se irá hacia una zona donde pueda alcanzar un rebote o recibir con espacio (lo que el “Pibe” Valderrama hacía cuando se iba hacia una zona aparentemente “muerta”) y el delantero alejarse un poco de la marca y perfilarse ofensivamente de tal manera que una vez su compañero reciba el balón ya se tenga alguna noción del posible desarrollo de la jugada.

Son, pues, algunas de esas “armas secretas” que algunos equipos de fútbol esgrimen de manera sencilla y contundente.


agarizabalo@hotmail.com
Publicado en El Heraldo Deportivo, el 15 de Julio de 2008.

lunes, 14 de julio de 2008

Ser competitivos (3) - LA COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Durante la competencia todo acto que hagamos debe tener un sentido. De hecho, cada acción puede convertirse en una señal, en un lenguaje. ¿Qué transmitimos con un gesto, una actitud, unas palabras? La comunicación eficaz resulta un arma poderosa si se sabe utilizar de manera oportuna.

Desde el mismo momento en que un entrenador se aparece en la cancha, por ejemplo, está enviándole a su equipo una serie de señales y códigos que serán fundamentales en su manera de comunicar, lo que se conoce como “El lenguaje de los gestos”. No es lo mismo llegar después que los jugadores, que estar ahí cuando ellos lleguen. No es lo mismo aparecerse bien vestido -incluso, con el uniforme de presentación del club- e irradiando un discreto perfume, que con una barba de tres días, oliendo a tigre o enguayabado.

Igual: No es lo mismo que los jugadores se presenten a la cancha como sea, unos en chancletas, otros en camisillas o en bermudas, otros ya listos para jugar, que si todo el equipo viene con su uniforme de presentación. No es lo mismo que vayas a hacer la charla técnica y tengas a todo tu grupo reunido, a que, faltando unos minutos, todavía algunos muchachos no hayan llegado. En esos simples detalles se empieza a ganar el partido.

Y después, el discurso: ¿Qué les vas a decir a tus jugadores? ¿Ya lo pensaste? ¿Desde cuándo preparaste tu libreto? Yo creo que la charla técnica debería empezar a hacerse desde el primer día de entrenamiento. Ese primer día, por supuesto, hay que hablar del partido anterior y hacer la evaluación del desempeño de cada quien, pero, inmediatamente, iniciar el Montaje Operativo del nuevo juego, como ya dijimos en la nota pasada.

Mecánica del partido: Lo primero es llegar a la cancha con suficiente anticipación y buscar un sitio cómodo donde los muchachos se vayan congregando, especialmente cuando no hay camerinos. No es bueno que cada quién esté por su lado. Mientras los jugadores se uniforman, ese sagrado ritual, alguien -generalmente el preparador físico- tiene que gritar a voz de cuello: “Muchachos, por favor, apaguen sus celulares” (ya sabemos que no hay conversación humana que no sea interrumpida por esos aparaticos) así que, es mejor prevenir y cortar por lo sano.

Después viene la charla técnica; ésta debe ser lo más económica posible, es decir: Pautas claras, recomendaciones precisas. Recordar sólo movimientos claves que se ensayaron en los entrenamientos, anticipar ciertas situaciones que se pueden presentar durante el partido, definir quiénes participarán en las jugadas de pelota detenida, etc.

No es recomendable ponerse a filosofar en ese momento. Ni hablar de generalidades, y menos caer en la torpeza de recordar yerros anteriores. La charla debe ser muy puntual y haciendo las recomendaciones con nombre propio. Lo que quieren saber los jugadores, en ese instante, es qué les corresponde hacer a cada uno.

También son importantes ciertos detalles: la forma en que se deben organizar los deportistas para escuchar la charla. A veces puede ocurrir que llevamos veinte minutos hablándole a un jugador específico y resulta que este muchacho ni siquiera ha llegado ¿Cómo queda uno? Como un zapato. Sugerimos que se verifique, antes de hacer cualquier actividad con el grupo, que todos los integrantes estén presentes y que se acomoden de tal forma que los defensas, volantes y delanteros, queden agrupados por posición; así, cuando vayamos a dirigirnos a alguno, será más fácil ubicarlo.

Y, por supuesto, tenemos que conocer el nombre de cada jugador; no vaya a ser que le pase como a un técnico amigo mío, que cuando daba las instrucciones, antes del juego, le decía el nombre de uno a otro y, a veces, hasta mencionaba nombres que no existían en el equipo. Como para salir corriendo.

En el entretiempo, mientras el entrenador se desgañita tratando de explicar las variantes y estrategias que se utilizarán en la segunda parte ¿Qué hacen los suplentes? Pues están en la cancha jugando al “bobito” en una ronda infantil. Después los meten al partido y estos tipos no tienen ni idea de lo que se ha dicho ¿Culpa de ellos? No señor. Es responsabilidad del cuerpo técnico estar alerta para que todos los jugadores, oportunamente, pongan la debida atención cuando se esté diciendo algo importante.

Un episodio curioso que ocurre en los equipos: Hay jóvenes que por muy lejos que estén dentro de la cancha, escuchan y entienden lo que les estás tratando de decir. Hay otros, en cambio, que están a medio metro del banco técnico y parece que les estuvieras hablando en ruso. Por eso es fundamental conocer esos detalles e intimidades. Para saber a quiénes tienes que darles las órdenes. Hay otros que te escuchan bien, pero transmiten mal las instrucciones, dicen lo contrario de lo que dijiste. ¡Imagínate! Así que a esos despistados es mejor ni mirarlos.

En todo caso, ¡ojo!, cada vez que le gritas a un jugador alguna disposición táctica lo primero que él hace es decir que sí, que ya entendió y mueve las manos como si estuviera aquietando las aguas de un lago o levanta el dedo pulgar en señal de aprobación… Después, muchos me han dicho que no entendieron ni pío, especialmente cuando su entrenador es de aquellos que narran los partidos, que gritan tanto, que a fuerza de decirlo todo termina por no decir nada.

Antes de iniciar la temporada es conveniente realizar una reunión estratégica con todos los integrantes del equipo, donde se pongan las cartas sobre la mesa y se digan claramente los patrones a seguir. Explicar y definir los objetivos: Lo que se quiere, lo que no puede ocurrir, las normas disciplinarias, la filosofía de juego, las áreas de excelencia que se deben reforzar, y así, con esa información, ir configurando el catálogo de Códigos y Consignas, que viene a ser, a la larga, el manual de convivencia y los mecanismos de acción por los cuales debe regirse el grupo. Siempre será un elemento a favor poder manejar una serie de sobreentendidos, pactos previos, símbolos puntuales, compromisos tácitos, que de eso se trata cuando se arma un equipo: el primer paso tiene que ser ponerse de acuerdo en el qué, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Miremos otro detalle que por lo general se desestima: La inducción institucional. Llegan jugadores nuevos al equipo con sus padres de familia incluidos o contratan a un entrenador ajeno a las entrañas del club y no obstante, nadie se cuida de hablarles y contarles cómo son las cosas en ese círculo. Se da por sentado que todo el que llega debe saber, así como por acto de magia, cómo tiene que comportarse en cada situación. Nada más peligroso. Por eso aparecen las equivocaciones, las extralimitaciones y las barbaridades que cometen algunos recién llegados. Muchos de esos errores son más producto del desconocimiento de las reglas que de la mala voluntad de la gente. Y no es culpa de los que llegan, sino de los que ya estaban.

La historia de la humanidad está marcada por los intentos de mejorar deliberadamente la comunicación. Esto nos diferencia de los otros seres vivos. No venga a ser que un simple partido de fútbol, por ejemplo, se nos convierta en una torre de Babel.


Publicado en El heraldo Deportivo el 8 de Julio de 2008

miércoles, 2 de julio de 2008

Ser competitivos (2) - EL MONTAJE OPERATIVO

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Con frecuencia, en el fútbol aficionado, los partidos se ganan o se pierden antes de entrar a la cancha. Como entrenador, se aparece uno muy fresco y orondo, como si se hubiese acabado de bañar. O peor, sofocado porque viene de hacer vueltas en el Centro con la señora. Supones que llegas tarde porque el otro equipo ya está calentando y observas que te faltan algunos jugadores claves; tu arquero se acerca para decirte que no tiene guayos, y otro que le falta una media, nada en realidad que no sea solucionable, piensas, hasta cuando el delegado de la cancha te pregunta por los carnés, y ahí sí, se te sube la sangre a la cabeza porque comienzas a registrarte por todos los bolsillos y nada, le indagas a tu asistente que acaba de llegar también, y él te dice que no, que tampoco los tiene. “Pilas, coge una moto y ves a mi casa a buscarlos mientras yo hablo con el árbitro”.

¿Es eso ser competitivos?

A veces ocurre que se acaba el primer tiempo y no hay forma de conseguir agua para los pelaos porque por ahí nadie vende, pero esperen que ya un papá fue a buscarla al punto frío. Sucede que el balón está muy inflado o le falta aire y anda todo el mundo preguntando que quién tiene una aguja para balón. Algo elemental pero fastidioso: va a empezar el partido y de repente el capitán se acerca a decirte que le des un pañuelo para amarrárselo en el brazo porque el árbitro se lo exige como distintivo; tú no tienes pañuelo, así que te toca buscar entre los fanáticos y padres de familia a ver quién te puede prestar esa prenda. En el intermedio, en vez de hablar del partido, el entrenador está discutiendo con los muchachos porque no ha completado la plata para el arbitraje y no se sabe si continuarán jugando, “partida de irresponsables”, les dice. Por supuesto, que los que pongan billetico tienen su entrada asegurada, ¿no ve que deliberadamente fueron escogidos en el equipo como refuerzos arbitrales?


Durante el partido un salvaje revienta el balón que cae en una casa enrejada y la gente dice enseguida: “Huy, ese balón se perdió”, pero resulta que es tu balón, el único que tienes, y te toca salir a buscarlo, pelear con la señora y pagar unas láminas de eternit y cuando regresas ya te han empacado dos goles…

¿Es eso ser competitivos?

Definitivamente es necesario realizar el Montaje operativo, que es en realidad un procedimiento que consta de tres elementos claves: La Logística, el Proyecto de partido y Plan de contingencia. En el fútbol actual se han emparejados tanto las cargas, que son ciertos detalles los que al final marcan la diferencia. Veamos:

LA LOGÍSTICA: Es obligatorio tener una lista, que uno puede llevar en su bolsillo o pegarla en la cabecera de la cama, donde estén relacionadas todas esas minucias que son imperceptibles si uno las tiene, pero resultan tan dramáticas cuando faltan algunas. Que no se nos olvide nada, por favor: En primer lugar, los carnés, por supuesto; Después, cómo vamos a garantizar el agua (ojo, dependiendo de la hora del partido hay que llevar suficiente), la banda de capitán, los balones, la aguja para balón, un juego de petos (porque de pronto pierdes el sorteo si los equipos tienen uniformes iguales), la plata del arbitraje, una lista con los números de celulares de todo el equipo, copia de las bases de campeonato por si hay que consultarlas en pleno partido, números adhesivos por si se daña una camiseta, ¿todo el mundo tiene sus guayos en regla? No venga a ser que te pongan a correr en la cancha, eso hay que garantizarlo desde el día anterior. Fundamental el botiquín y que los muchachos te den copia del carné de la EPS o Sisbén. Que no se olviden los documentos de identidad. Conviene además llevarse un pequeño costurero (hilo y aguja), pues nunca se sabe. Pero, carajo, y ¿cómo maneja uno todo eso?

Que nadie se asuste: dirigir es el arte de saber delegar. Tenemos que organizar el partido desde el día anterior, sentarnos un rato con nuestros colaboradores (que siempre los hay, no olvidemos al Naranjero izquierdo) y vas entregando algunas responsabilidades que para ti pueden ser molestas a la hora del juego; por ejemplo, que alguien esté pendiente de los balones, que una señora -son muy buenas para eso-, se encargue de recoger la plata de los arbitrajes (eso, en el peor de los caso, porque no estoy de acuerdo con que los jugadores pongan para esas necesidades); le pides a un primo tuyo, de aquellos que tienen pinta de doctor pero que no hacen nada, que te ayude en la liga con los trámites de papeles y demás, seguro que lo hará encantado mientras “chicanea” de directivo.

En fin, lo ideal sería contar con médico, preparador físico, asistente y un grupo de colaboradores, todos contratados y bien pagos, pero conocemos las limitaciones de los clubes aficionados y por ello hay que ingeniárselas para darle un tinte de organización a la empresa; de todos modos, cualquier cosa que uno haga para facilitar su trabajo, le dará cierta tranquilidad que puede significar ese punto a favor a la hora de competir.

PROYECTO DE PARTIDO: Se trata de escribir (porque hay que escribirlos, tenerlos en la memoria no es suficiente) todos esos detalles sobre el partido propiamente dicho. Vamos a enumerar algunos: Hora, día, cancha, rival, cómo nos vamos a transportar, a qué hora nos reunimos, dónde nos vamos a ubicar, etc. Analizar los antecedentes del partido, es decir, cómo nos fue con ese rival en confrontaciones anteriores (para eso es clave lo de la bitácora del entrenador), qué fase del torneo se está jugando. Después viene el partido imaginario: posible alineación, posibles cambios y por qué, plan específico para cada jugador durante la semana, qué sistema de juego vamos a emplear, las jugadas de pelota detenida, a favor y en contra, meta a conseguir, lo que tenemos que aprovechar, lo que no nos puede pasar durante el juego, las variantes tácticas de acuerdo con las situaciones presentadas, jugadores importantes del equipo contrario, jugadores nuestros que pueden marcar la diferencia basados en las debilidades del rival, jugadas sorpresas, frecuencia e intensidad de faltas, niveles de motivación del grupo, consideraciones generales (brisa, cancha dura o blanda, árbitro, etc.)

Este proyecto de partido, por supuesto, hay que organizarlo desde el primer día de entrenamiento: desde el mismo lunes tenemos que orientar toda la información y la imaginación de que dispongamos hacia el objetivo de optimizar los recursos, para llegar al partido con todas las ventajas identificadas.

PLAN DE CONTINGENCIA: Son las alternativas (plan B y C) que debemos tener pensadas para en caso de que las cosas no salgan conforme a lo planeado. Por ejemplo, siempre hay que llevarse reservado un dinerito por allá escondido en la caletica de la cartera, nunca se sabe. No puede ir uno desarmado a dirigir un partido ¿qué tal que algún muchacho sufra un accidente y haya que correr a llevarlo a una clínica y nosotros sin un peso? Al estar al frente de un grupo deportivo, eso entra a hacer parte de nuestra responsabilidad. No podemos escurrir el bulto diciendo que no tenemos billete. Este es un rublo que hay que presupuestarlo y mantenerlo. Y que nadie cuente con esa plata (ojo con los cerveceros). Sólo es para las emergencias.

Publicado en El Heraldo Deportivo el 2 de Julio de 2008.

SER COMPETITIVOS


Por:
Agustín Garizábalo Almarales

Hablar de competencia es hablar de resultados. No obstante, una de las debilidades que padece nuestro fútbol aficionado es, precisamente, la falta de competitividad. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué, con frecuencia, perdemos protagonismo? ¿Por qué muchas veces no somos competitivos?


Lastimosamente hasta el fútbol se ha visto afectado por una práctica social que nos ha hecho mucho daño: el amiguismo excesivo. En nuestra cultura, para desarrollar determinadas actividades no se buscan a los mejores preparados, sino a los familiares y amigos. Aquellas empresas de tradición familiar, por ejemplo, no ponen de gerente de la fábrica a un master en administración, sino al hijo de uno de los dueños. Entonces, no hay necesidad de apuntar a la excelencia, para qué, si es suficiente con tener los contactos necesarios o ser hijos de papi para acceder a las mejores oportunidades. Apenas hasta hace algunos años se comenzó a hablar en la administración pública de “Meritocracia” y ya sabemos las complicaciones a las que se ha visto sometida esta realidad. Además, es notorio que preferimos apuntar hacia el placer que hacia el deber. Por eso, suele ser más importante la caja de cerveza helada para la fiesta de hoy que guardar unos pesos para la comida de mañana.


Así que, en lo que concierne a nuestro fútbol aficionado, es natural que no encontremos el camino de los resultados, hasta cuando no nos organizamos cabalmente para competir. Si la preparación es deficiente, si no hay continuidad en los procesos, si no consultamos eficazmente los reglamentos de los torneos, (una condición apenas obvia), si queremos que nuestros equipos en la cancha corran, tengan espíritu de lucha, disposición táctica, actitud ganadora, dinámica, capacidad de esfuerzo, pero son nuestros entrenamientos fríos y predecibles, apuntando más a la repetición de gestos técnicos y físicos que a la comprensión agonística del juego ¿Es eso ser competitivos?


Ya lo hemos planteado en anteriores ocasiones: las ligas de fútbol son entidades privadas con funciones de interés social o público. Están conformadas por clubes deportivos -que en realidad son sólo equipos de fútbol- y estos, a su vez, a pesar de que cumplen con algunos requisitos legales, como listados de socios o tener reconocimiento deportivo, por ejemplo, todo el mundo sabe que dichas organizaciones tienen sus dueños. Y, digámoslo de una buena vez: el fútbol ahora se convirtió en un negocio. ¿Qué duda cabe? La gente que llega a hacer una inversión importante en esa franja económica (¿No es mejor decirlo así?), también está pensando en obtener dividendos. Luego, las ligas departamentales, tienen el deber de salvaguardar los derechos e intereses de sus asociados y uno de los aspectos fundamentales es garantizar una competencia de excelente nivel.


Entonces, deberían concentrar sus mayores esfuerzos en organizar los torneos internos de la manera más competitiva posible, siendo rigurosos con los que aspiran a participar, siendo exigentes con las condiciones a cumplir por los aspirantes a acceder a una casilla, que se realicen selectivos previos, que los equipos se ganen el derecho con su propio esfuerzo, y no como ahora, que cualquiera arma un equipito en el barrio y ¿qué hace? Enseguida va y corre y lo inscribe en la liga. Hace algunos años que estas entidades apostaron a la cantidad en detrimento de la calidad. Antes, en cambio, estar registrado en la Liga de fútbol era sinónimo de aptitud, o por lo menos eso se presumía, y todo jugador que participaba en esos torneos era susceptible de ser tenido en cuenta para una selección departamental. Ahora, sin embargo, con tantos equipos que pululan en dichos torneos, ocurre la gran paradoja: habiendo más muchachos jugando fútbol hay menos de donde escoger para armar una selección más o menos respetable.


Pero, ¿que significa ser competitivos?


Significa entender las señales, saber a qué se está jugando y qué se está jugando; implica quitarse la mano del corazón y tomar decisiones basadas en el desempeño y no en los afectos. Significa ser rigurosos y económicos a la hora de los esfuerzos; hacer todo lo que haya que hacer para alcanzar los objetivos planteados (por supuesto, sin caer en la ilegalidad); implica acatar las normas internas del grupo, renunciando a ciertos privilegios individuales para darle prioridad a los intereses colectivos. Significa estar en el lugar indicado a la hora precisa, ser consciente del hoy y el ahora…


Además, supone estar enterado de las debilidades y fortalezas de los rivales. Conocer bien las propias falencias individuales y las áreas de excelencia de cada uno de los integrantes del equipo (esa información será fundamental para poder anteponer fortalezas a debilidades). Requiere cosechar un banco de datos, registrar la historia de cada partido: Por qué se ganó, por qué se perdió, qué pudo haber influido en el resultado, qué imponderables se presentaron, qué jugadores marcaron diferencia, en qué pudo haber afectado la hora, la cancha, el clima, la variable local–visitante, las alineaciones, los cambios tácticos, las sustituciones y los antecedentes del partido.


Qué rico es cuando se termina el juego y uno se queda refrescándose y discutiendo con los amigos y allegados de costumbre, en la misma esquinita de la cancha, (sí, en aquel kiosquito donde siempre te fían) revisando en detalles las incidencias de cada jugada; allí se inicia otro partido, más razonado, más inteligente quizás. Pero, ¿Qué hace muchas veces uno como entrenador? Desperdicia ese momento de inspiración y claridad donde encuentra todas las razones valederas mientras piensa: “Esto hay que trabajarlo la próxima semana”, “Esto hay que decírselo a los pelaos”, “¡Claro!, eso fue lo que pasó”, y lo va registrando en la frágil memoria, que quizás entonces se encuentra alterada por cierta carga etílica, pero a nadie se le ocurre sacar un bolígrafo y un papel para anotar esas ideas, y después, claro, la salsa y el guaguancó, el vallenatico romántico, las lindas muchachas que se acercan a saludar. Y el lunes, ni me acuerdo vida mía. Escasamente llegas al campo tratando de apaciguar ese maltrato del fin de semana, y en la incomodidad del sol que te pega en la cara y el fastidio de tener que beber una bolsa de agua caliente, aparece fugazmente la idea: “Bueno, ¿Y qué era lo que yo iba a decirle a los muchachos, ah?”.


Una de las debilidades más notorias que nos impide ser verdaderamente competitivos, es, precisamente, la falta de rigor histórico de los partidos jugados y de los equipos rivales. Cada técnico debería ir escribiendo su propio libro, una bitácora de sus experiencias en cada puerto, por decirlo de una manera poética. Ese es el mejor curso que puede hacer un entrenador, llevar un registro de sus propios aciertos y errores, que están siempre tan a la mano y suelen mostrarse, a veces, de una manera dolorosa y contundente. A la vuelta de dos meses, sin embargo, te enfrentas de nuevo con el mismo contendor y aparecen de nuevo los mismos errores y ves al mismo tipo (que eres tú), en la línea gritando desperado las mismas barbaridades y peleando, como siempre, con sus jugadores.


Finalmente, en la organización de los partidos propiamente dichos, también se cometen muchas fallas que parecen sutiles, pero que resultan definitivas al momento de hacer un balance, algo común y complejo como “El Montaje Operativo”, por ejemplo: Una serie de pequeños detalles estratégicos que terminan por marcar la diferencia. Y además, un criterio fundamental: la configuración de un estilo de juego y de dirección, el sello que nos distinga y nos haga reconocibles, algo así como el posicionamiento de una marca, de una manera de jugar. Sin estos elementos puntuales resulta muy difícil sobrevivir en un medio donde todo el mundo tiene las espuelas bien afiladas.


agarizabalo@hotmail.com


Publicado en el Heraldo Deportivo el 24 de Junio de 2008.

viernes, 30 de mayo de 2008

NO FUTURO

Por: Agustín Garizábalo Almarales

¿Dedicarse a dirigir equipos de fútbol aficionado puede considerarse una profesión?...El profesor K es dueño y director técnico de un equipo infantil de barrio; trabaja en un local comercial en el centro y sólo en horas de la noche -muchas veces sin haber comido- se dedica a entrenar su equipito, dos sesiones por semana, en la penumbra de una cancha ligeramente iluminada.
El licenciado X, a pesar de ser un profesional, desde el punto de vista de que ostenta un cartón que lo acredita como tal, es un pobre hombre que no sabe cómo pagará esta vez el arriendo, la mensualidad del colegio del hijo o el “vale” de la tienda, porque su sueldo es tan irrisorio que casi queda debiendo: Es entrenador de un club aficionado más o menos organizado.

El joven M, es un bachiller recién egresado a quien se le pide el favor de que dirija el equipo los domingos y lo practique dos veces por semana (los martes la física, los jueves el baloneo) a cambio de un “cuadre” los fines de mes.

El exjugador de selección departamental, estudiante ahora de educación física y con aspiraciones de ser técnico de fútbol profesional, es invitado a qué conduzca un equipo de la Liga: sus pretensiones no pueden Ir más allá de un subsidio de transporte y una que otra ayuda para el pago de los semestres; y así…

Salvo contadas excepciones, este es más o menos el panorama general de esa actividad en nuestro medio: lamentablemente el fútbol aficionado se sigue considerando un hobby dirigido por unos apóstoles románticos –eso se cree- que les gusta hacérselas de técnicos, un ensayo para emular a los Menottis, Mourinhos, Fergusons...

Pero en realidad se explota su vocación de pedagogo, su desempleo o su deseo de aparecer. Esa actividad defi­nitivamente no es considerada en nuestro medio como una profesión y por lo tanto no se valora ni se respeta como tal, en muchos casos, incluso, ni por los propios entrenadores, que prefieren darle un tinte más o menos folclórico al asunto y se dejan seducir por la ilusión de una victoria, avivada por algunas cervezas y las lisonjas de sus parciales, para no enfrentar su triste realidad económica, su poco reconocimiento social, su falta de eco personal, en otras palabras, su “llevadera Infinita”.

Usted puede verlos: siempre en sudaderas y ropas deportivas, cachu­chas, planillas y un fardo de ilusiones. Los más afortunados son contratados por colegios de “caché” o por clubes organizados, que en realidad son tan poquísimos que constituyen toda una élite.

Pero la mayoría tiene que dedicarse a los oficios más disímiles para poder subsistir. Conozco a uno que además de ser entrenador de dos equipos, dicta clases en un colegio, es discjockey en una taberna, chofer de taxi en ocasiones y traficante de baratijas. Otros son también zapateros, carniceros, gestores de notaría, administradores de un "agáchate" o vendedor de Biblia. Lo triste es que no les alcanza ni para brindar una tanda de cervezas en la celebración del triunfo.

La situación es preocupante si se tiene en cuenta que en Colombia uno de los principales vacíos de nuestro fútbol es precisamente la falta de una verdadera fundamentación y formación adecuada en las categorías menores. Allí deberían estar los mejores preparados, los más instruidos. Pero los mejores -a no ser que quieran ser toda la vida unos maestros pobres (y los hay)- no pueden estar bajo esas condiciones económicas. Sencillamente no podrían estar.

¿Qué ocurre entonces?... Los licenciados se hacen contratar por colegios del Estado y ya no les queda tiempo para seguir en estos menesteres. Los otros, a fuerza de frustraciones e intentos fallidos, van abandonando la lucha y llegan hasta el colmo de no querer saber más nada de fútbol. Es que da rabia que mientras algunos hacen "patria" -esa concepción Idealista del amateurismo- otros se llenan de plata.

¿Cuáles son las opciones para estos trabajadores del fútbol?... Del fútbol profesional ni hablar, tan poblado como está de esa élite llamada “Ex futbolistas profesionales”, sustentada por un amiguismo inveterado. La primera C (antes segunda división), ofrece muy pocas op­ciones. Y en el estamento superior, es decir la Selecciones Departamentales, a lo que todo técnico aficionado que se respete debería aspirar, ocurre casi el fenómeno contrario: Las Ligas con tantas afugias económicas que tienen, falta es que cobren para que les dirijan las selecciones.

En fin, estos hacedores del fútbol, tienen tan poco futuro que solo queda la alternativa de agremiarse en una asociación que los haga respetar y les confiera cierto status o resignarse a seguir siendo apóstoles por los siglos de los siglos, amén…

Si desea hacer un comentario o enviar alguna sugerencia escriba a agarizabalo@hotmail.com
Publicado en el Heraldo Deportivo - Abril 29 de 2008.

sábado, 29 de marzo de 2008

EL ENTRENADOR AFICIONADO

Por: Agustín Garizábalo Almarales

Lo que más atenta contra el entrenador de fútbol aficionado es su falta de rigor. Aspira a que lo traten como un profesional, pero él no se profesionaliza. Para empezar, no se ha dado cuenta de que esa actividad cambió dramáticamente. Ya no es suficiente con saber de fútbol o haber tenido figuración como jugador. Ahora es necesario conocer otras áreas del comportamiento humano, proyectar una imagen de liderazgo, demostrar sabiduría y ser un referente para los actores y observadores de su labor.

Pero ¿Qué tenemos en la actualidad?... Un profesor que en su afán por actuar como técnico de fútbol cae en una serie de comportamientos que no contribuyen a construir la imagen de respeto y seriedad que exige esta profesión. Veamos:

1- Ante las dificultades que se le presentan en su papel de entrenador, lo primero que se le ocurre es montar una escuela de fútbol; esto implica volverse una especie de empresario y ya su funcionalidad girará en torno al problema económico que pueda suscitarse por el no pago de la mensualidad de los muchachos. De alguna manera queda entonces a merced de la presión de los padres de familia que en gran medida financian su actividad... ¿No será que pierde autoridad para tomar algunas decisiones?

2- Es triste verlo con una pobre presentación personal y un dramático descuido de su figura. Por ejemplo, ya hizo carrera la estampa del entrenador gordito y barrigón peleando y gritando en la línea... ¿Será que esto ayuda a que se valore su oficio?

3- A veces se presenta a dirigir sólo con su capacidad de improvisación. (En ocasiones enguayabado y con señales de una larga noche). Sería importante apoyarse en estadísticas, informaciones, detalles claves. El entrenador debería llevar una bitácora de Códigos y Consignas, es decir, un registro de lo que va diciéndole a su grupo, de lo que va trabajando. En últimas, cada entrenador debe construir su propio libro de consultas con base en su experiencia cotidiana... ¿No sería bueno utilizar esa poderosa arma de una información organizada?

4- Pelea frecuentemente con los árbitros por situaciones de juego. Pero ¿Sí conoce este entrenador el reglamento del fútbol? ¿Se cuida acaso de actualizarse sobre las últimas modificaciones de las normas? ¿Cómo discute entonces sin argumentos?

5- Aspira a desempeñar sólo el rol más protagónico. Es decir, manejar la siempre tentadora alineación, decidir los cambios, administrar dinero y escoger los jugadores. En una palabra: Mandar. Pero el fútbol tiene otros cargos sumamente importantes: Preparador Físico, asistentes de campo, fundamentadores técnicos, reclutadores de talentos, delegados, trabajadores sociales. Sería bueno determinar en qué espacio se podría dar lo mejor de sí y contribuir con ello a la causa.

6- Sólo hace cursos de fútbol. Uno lo ve siempre en los seminarios de fútbol, pero jamás en una capacitación diferente. Lo que hay que aprender de fútbol es relativamente limitado. Es necesario, por tanto, explorar otras áreas del conocimiento humano.

7- Repite el mismo discurso. Está claro que se pierde espacio y poder cuando ya no se tiene la capacidad de sorprender al grupo, cuando se repiten los mismos giros y argumentos; por ello se hace necesario renovar permanentemente este recurso.

8- Quiere ganar a toda costa. No importa volarse las escuadras: Inscribe a un muchacho con documentos adulterados, mete a jugar a uno con el carné de otro, intenta sobornar a un árbitro. Cree realmente que todo se vale, como en el amor y la guerra.

Sabemos, por experiencia propia, de las dificultades económicas, de las penurias y sinsabores a los que uno se ve sometido cuando asume este oficio ¿Por qué, entonces, no hacernos concientes de nuestro propio valor y emprender un camino que dignifique verdaderamente nuestra actividad?

Que nuestra función apunte más hacia el Administrador Deportivo, con una ética y una formación integral, orientada a ganar un mejor estatus social, pero, por encima de todo, a obtener ese respeto tantas veces esquivo.


agarizabalo@hotmail.com

Publicado en El Heraldo Deportivo, Septiembre 25 de 2007.
Publicado en la Revista del Deportivo Cali, abril. 2007.

EN EL PAIS DE LOS CIEGOS...

Por: Agustín Garizábalo Almarales
“Toda la Naturaleza es un anhelo de servicio”
-Gabriela Mistral
Cuando expresamos que la función del entrenador de fútbol aficionado debe apuntar hacia la del Administrador Deportivo, estamos reconociendo, precisamente, la gran oportunidad que se le presenta ahora a este personaje para convertirse en un referente importante de su organización. Ya no sólo debe cuidarse de educar y orientar a sus jóvenes futbolistas, ahora también tiene la responsabilidad de instruir a los padres de familia, a los propios dirigentes, e, incluso, a los pocos periodistas que se acercan a su espacio de trabajo. Esto implica ¡PODER!, capacidad para influir en su entorno y autonomía para tomar decisiones que pueden cambiar, para bien o para mal, el rumbo de unos sueños infantiles, de ambiciones de padres y dirigentes y de voluntades de patrocinadores.

También es una buena ocasión para prestarle un servicio a la comunidad, ya que entra a administrar un espacio donde interactúan niños y jóvenes, se fundamentan doctrinas y se adquieren costumbres. Debe entender entonces que toda posición de liderazgo lleva implícita una vocación de servicio, y más que preguntarse cuánto voy a ganar ahí, sería más pertinente indagarse sobre cuánto puedo aportarle a ese colectivo humano. Ser un servidor social, en este caso, también supone perfeccionar el oficio, mejorar sus herramientas, aportar nuevas ideas y conceptos a su quehacer, lo que indudablemente redundará en beneficio general, porque en ese tira y afloje del ensayo, se van creando nuevas calidades, se amplían las posibilidades y se construye cierta forma de sabiduría. No en vano se ha tenido el privilegio del acierto y el error.

Aunque nadie discute que el fútbol actual es mucho más permeable que hace algunos años, en razón de que ahora existe una interrelación más equilibrada de su actores, es decir, ya el técnico no manda solo, también cuentan, para una decisión importante, la opinión del dirigente, la de los padres de familia que aportan, la de los periodistas que dictaminan e, incluso, la de los fanáticos que presionan. No obstante, se entiende que el entrenador sigue siendo el más informado, el que gozará de mayores argumentos en una eventual controversia, puesto que es quien trabaja día a día a los muchachos, quien más los conoce, y a él recurren los padres para consultar sus dudas, los directivos para solicitar ciertos manejos, los periodistas para saber qué novedades hay y los fanáticos para hacerle notar sus preferencias.

Es decir, se ha convertido, sin saberlo, en un administrador de Pasiones. Porque lo que transforma este fútbol actual en un barril de pólvora es, precisamente, su volátil espíritu pendenciero donde cada quien entra a defender sus intereses con visión de túnel, sin considerar bemoles ni aristas, sino que van plenos y frontales, dispuestos al colapso, y he aquí donde tiene que aparecer la figura del entrenador para atemperar voluntades, para, mediante una información oportuna y certera, lograr una conciliación necesaria. Es, en este momento babélico, cuando recupera su verdadera importancia, su credibilidad, su jerarquía, mientras todos los demás están como ciegos, discutiendo y defendiendo nimiedades, buscando la quinta pata del gato, y, en el país de los ciegos, dice el adagio, el tuerto es rey.

Por eso se hace tan imperioso ese acervo cultural, ese bagaje de conocimientos generales, ya que no se sabe de donde habrá que echar mano, si hoy de la economía, mañana de la filosofía, pasado de la gramática, y después de la psicología. Como no se sabe de dónde ni cómo, es mejor estar enterado de un poco de todo. No obstante, su principal arma seguirá siendo su coherencia personal, su constante preocupación por mejorar sus calidades humanas, su deseo de contribuir con los demás y su entusiasmo por crecer día a día, lo que lo hará, sin duda, un educador digno de confianza.

Finalmente, quien trabaja en divisiones menores debe saber que NO ES UN TÉCNICO DE FÚTBOL, en el sentido estricto del término, si no un FORMADOR DE JÓVENES. Bajo esta óptica se preocupará por el desarrollo técnico-táctico individual de sus dirigidos, de entregarles unas claves para su desenvolvimiento en la vida y de construir unas normas de hábitos sanos, más que por estar ganando campeonatos para sobresalir.

Desde luego, se podrá decir que es una actitud poco frecuente y se requiere, para ello, de mucha vocación, luego, entonces, sus verdaderos títulos serán los nombres de aquellos muchachos que lleguen algún día a instancias superiores bajo su orientación (y no nos referimos sólo al fútbol). Si la aspiración del entrenador aficionado es llegar a dirigir más temprano que tarde un equipo profesional, el camino de este nuevo aspirante debe comenzar por categorías muy cercanas a la alta competencia o como asistente técnico de un club profesional.

En las categorías menores, definitivamente, se necesitan, más que directores técnicos, ENTRENADORES-Formadores, preparados, ilustrados, capacitados, para que sigan existiendo tuertos en el país de los ciegos...
agarizabalo@hotmail.com

Publicado en El Heraldo Deportivo, Octubre 2 de 2007.
Publicado en la Revista del Deportivo Cali, Mayo. 2007.